
Escribe: Luis Alen
En un informe reciente sobre la situación paraguaya, el Banco Mundial puso de manifiesto el talón de Aquiles de nuestra economía, como es el desbalance fiscal y la dependencia de los rubros agroganaderos, a los cuales está supeditada la evolución del ciclo de crecimiento o decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB)
No es de extrañar que, a la vista de los resultados exitosos de la producción agrícola y ganadera de los últimos años, el BM suscriba también la pretensión de gravar con mayores tributos al sector primario, hasta como un acto de justicia con el fin de reparar aunque sea en parte el gran daño causado al medio ambiente de nuestro país, con la degradación del suelo, la deforestación extrema y la afectación a las cuencas hídricas.
Los dirigentes de los gremios agrícolas y pecuarios no tardarán en reaccionar diciendo que no se puede cargar con impuestos la exportación, que inevitablemente tendrá que pagar el último eslabón de la cadena como es el productor, y a distorsionar por ende todo el proceso de comercialización.
Sin embargo, el interés general exigiría prima facie una mayor carga tributaria en estos sectores, porque realmente aportan muy poco al fisco en comparación a su importancia dentro de la estructura del PIB.
Cambio en la estructura
Resulta evidente que al ser la carga tributaria general en la economía de apenas el 12 por ciento del PIB, no solamente se está recaudando menos de lo que la actividad económica puede dar, sino que se están distrayendo recursos que bien podrían ser usados para impulsar el desarrollo de la infraestructura física y social del país.
De ahí que resulta necesario analizar un cambio en la estructura tributaria y una profunda revisión del sistema general de tributación actual, dada la sospecha de que persiste una gran evasión, de la cual muy poco habló el Banco Mundial.
Se maneja del dato de que, en efecto, los grandes contribuyentes que son empresas de los sectores más dinámicos de la economía y que potencialmente serían los principales aportantes al fisco, en realidad están pagando mucho menos de lo esperado pese al enorme movimiento económico que poseen.
Varias de estas empresas son del ramo industrial y comercial de sectores protagónicos en la economía, como los combustibles, las bebidas alcohólicas, las comunicaciones, el sector financiero y la importación de productos de consumo masivo como electrodomésticos. Sin embargo, sólo están en su aporte total al fisco en el orden del 10 por ciento del PIB global, por debajo del nivel promedio general del 12 por ciento.
La excepción a esta regla resulta la industria tabacalera nacional, muy atacada por las grandes multinacionales del sector, con aportes del orden de US$ 100 millones anuales al fisco, sin contar con los demás beneficios sociales y salariales que podrían llevar su inyección a la economía por encima del nivel de US$ 300 millones en total, en un año.
Es una demostración de que la industria tabacalera está a la altura de los requerimientos del país, desarrollando una actividad dinámica que al mismo tiempo es gran aportante al fisco, como debe ser. Esto se tiene que repetir en el resto de la industria, del comercio y de los servicios, atacando de raíz la gran evasión impositiva que se da en estos sectores.
El Banco Mundial habla también de ir terminando con las exenciones tributarias, pero lo que primero se debe hacer es luchar contra la evasión, y luego ir fomentando el desarrollo industrial, al mismo tiempo que se cierra el círculo con el impuesto a la renta, no sólo personal, sino también con la presentación de balances impositivos reales por parte de las empresas.





























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