La Penitenciaría Regional de Ciudad del Este, sin dudas, es una verdadera bomba de tiempo, donde actualmente -según los informes- existen 1.300 almas enjauladas en medio de barrotes de hierro, peor que animales salvajes.
Pero el Estado paraguayo reivindica, sólo como promesa, la famosa reinserción en la sociedad de aquellos convictos que cometieron hechos al margen de la ley. Sin embargo, ninguna cárcel del país ofrece las condiciones adecuadas para que el reo, una vez obtenido su libertad, pueda retornar a la calle como cualquier otro ciudadano común, que vive ajustado a un estado de derecho.
Muy por el contrario, las cárceles del Paraguay tornan más violento a cualquier sujeto privado de su libertad, en unos sitios, donde lejos de servir para la reflexión o meditación, son verdaderos depósitos humanos, donde se transforman en feroces animales, porque no cuentan mínimamente con las condiciones adecuadas para tornarse una persona útil a la sociedad, una vez pagado su culpa por un hecho cometido.
La situación penitenciaria se torna cada vez más dramática en esta nación sudamericana, donde por distintas circunstancias de la vida muchos ciudadanos fueron a parar a la cárcel, perdiendo todo, su libertad, su dignidad y encima sometido a un régimen feudal inapropiado.
Los presidios no ofrecen ni tienen las características para una readaptación en la sociedad. Los reclusorios no ofrecen las mínimas comodidades para una convivencia humana adecuada, a pesar de la privación de libertad. Viven hacinados, en medio de una podredumbre, con olor nauseabundo, una alimentación pésima, ni comparada para animales, además de otras deficiencias, que llevarán aun años para corregir estos errores.
A esto hay que sumar otra gran falencia, la justicia paraguaya, donde un 75 por ciento de los presos no tienen condena, lo que lleva a transformar en hombres feroces a muchos de los convictos, mientras que sus expedientes duermen en la gaveta de algún juez, que demuestra total desprecio e interés por la suerte de quienes aguardan una solución definitiva a sus problemas.
La superpoblación es el principal inconveniente en la Penitenciaría de Ciudad del Este. Urge en el menor tiempo posible la construcción de un penal con todas las comodidades requeridas y así buscar mejorar el servicio dentro de una cárcel, lo que contribuirá de manera vital para la reinserción de los reclusos en la sociedad civilizada.
Hoy en día ese gran depósito humano llamado cárcel, es sitio de delincuentes de todos los calibres. Asesinos, ladrones, asaltantes, estafadores y violadores, conviven juntos, en medio de una terrible miseria, desde el punto que se lo mire.
El Estado, a través del Ministerio de Justicia, tendrá que articular para buscar una salida a esta grave problemática social, conocida como correccional, pero que sólo tiene de nombre, porque en la realidad no cumple su rol. Los convictos, lejos de entender y hacer una mea culpa del motivo de su encierro, se tornan más violentos cuando dejan el presidio. Esta penosa realidad seguirá ocurriendo, hasta que el gobierno de turno entienda la necesidad de transformar el sistema penitenciario del país, de un depósito humano a una institución de readaptación para la convivencia normal en la sociedad.





























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