Combate a la corrupción

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La práctica nefasta de las recaudaciones paralelas en algunos entes públicos debe ser desterrada definitivamente. El presidente de la República, Horacio Cartes, es bastante claro en ese sentido, y días atrás dio una fuerte sacudida al director Nacional de Aduanas, Nelson Valiente, donde aún persisten los famosos “maletines negros”.

La corrupción en grado superlativo ha contaminado todo el tejido social de una nación, que no puede superar este mal endémico, que tanto daño ya ha causado, impidiendo así un mejor desarrollo y crecimiento equilibrado de este país sudamericano.

El “Nuevo Rumbo” que propuso el actual jefe de Estado aún no comenzó a andar a 6 meses de este nuevo gobierno, a raíz de una serie de barreras con las que era previsible toparse el presidente Cartes.

Las buenas intenciones del mandatario están a la vista, pero no basta con eso, sino tienen que comenzar a funcionar las instituciones, para dar el giro de 180 grados del anquilosado aparato del Estado.

Tiene que entrar a primar la gastada expresión “voluntad política”, que, lastimosamente, a la hora de intentar poner en práctica un proyecto, no existe en este país. Todos los gobiernos pos Stroessner, en teoría, eran maravillas en cuanto a planes se refiere, pero en la práctica casi nunca se plasmaron los programas de gobierno.

Los interesantes proyectos presentados eran absorbidos por la imperante corrupción, mal que continúa tan campante en esta nación guaraní. A pesar de que este cáncer que corroe las finanzas públicas no es patrimonio exclusivo de este país, sin embargo nunca existió una firme decisión del gobierno de turno de hallar el remedio adecuado para curar la enfermedad.

Hoy el presidente Cartes intenta luchar contra este terrible flagelo, buscando cerrar las válvulas de escape. Pero si no hay un apoyo unificado de los tres poderes del Estado y ciudadanía en general, resultará difícil conquistar el resultado en terreno. Aquí, lo primero que hay que combatir es la impunidad, que es el principal apéndice de la galopante corrupción reinante en esta República.

Está a la vista que las instituciones públicas se encuentran  extremadamente prostituidas. La semana pasada, cuando el director Nacional de Aduanas fue increpado por Cartes, por su tibia gestión y que no toleraría la corrupción en dicho ente, la recaudación aduanera, al otro día, se duplicó.

Con esto queda más que evidenciado que el esquema perverso continúa invariable, no solamente en la aduana, sino en todas las instituciones del Estado. Y contra esta pesada carga debe lidiar el presidente, cuyo desafío no es nada fácil, porque a seis meses de su gestión ya comenzó a tropezar con piedras, que son los grupos mafiosos, que desde siempre viven de las “tetas” del Estado paraguayo.

El compromiso asumido por Cartes ante la ciudadanía no tiene vuelta atrás, donde renunciando a las fuertes presiones exógenas, tratará de cumplir con la palabra empeñada. Porque de lo contrario no materializará ni el 10 por ciento de uno de los principales desafíos de su gobierno, cual es el “combate a la pobreza”. Si este gran flagelo social no se logra revertir, este gobierno no podrá estar hablando en los próximos cinco años, de misión cumplida, porque el eje central del desarrollo de una nación se sustenta en la distribución equitativa de la riqueza. Por tanto, mano a la obra y combate frontal a la corrupción.

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