Con profundización de crisis en comuna esteña, se debilita poder político del clan

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En la medida que la intendencia municipal de Ciudad del Este no resuelve los problemas de la gente, la consideración y confianza al clan Zacarías se reduce. Alto Paraná es bastión inexpugnable en las elecciones de este poderoso grupo político; sin embargo en los últimos meses se experimenta un crecimiento de las voces de reclamo ante la ausencia de la Intendencia de la capital departamental.
La comuna es base principal del poder de su líder Javier Zacarías Irún y desde las elecciones pasadas el brazo se extendió a la Gobernación.
Alto Paraná es el departamento que más aporta al fisco en varios conceptos, los principales: el comercio de frontera y la agricultura en gran escala.
La capital del departamento no conoce de alternancia hace 13 años. Desde 2001 está en manos del clan Zacarías y según posturas políticas el sector buscará un nuevo periodo, hoy en manos de Sandra McLeod; esposa del líder del grupo, Javier Zacarías.
Sandra se hizo cargo de la comuna cuando su esposo dejó la intendencia para competir por la presidencia de la República; entonces ella fungía como presidenta de la Junta Municipal.
Más tarde en 2010 ganó las elecciones y formalizó su liderazgo: hoy el entorno busca que ella se postule nuevamente. No hay campaña aún, por orden de Javier; pero entre cuatro paredes se prepara la fuerza electoral para cuando se levante la veda.
La administración municipal concentra muchos cuestionamientos: tránsito caótico casi todo el día; ausencia de agua potable; pésimo transporte público y costoso; agregado a una grave corrupción que afecta a todos los departamentos de la comuna. Son los principales estigmas que sufren a diario más de 300 mil habitantes.

Agua y transporte
Alto Paraná; y su capital Ciudad del Este (CDE), están rodeados de cursos importantes de agua; sin embargo hasta el momento la comuna no resuelve el grave problema del desabastecimiento del líquido vital.
Al interior de CDE, en los barrios, los vecinos están totalmente abandonados y a merced de las aguateras privadas; en su mayoría en manos de referentes del clan; ya sea de dirigentes o de sus amigos, quienes pagan un canon para quedarse con la distribución de agua; que a propósito carecen de datos técnicos que garanticen su consumo. Ya en los asentamientos el drama es aun más grave. Las personas se las ingenian para abastecerse en bidones y tambores que quedan a la intemperie por varios días. En estos sitios brilla la Intendencia; pero por su ausencia. Otra falencia de la administración Zacarías es la falta de un sistema de desagüe cloacal. Muchos comercios del centro vierten sus desperdicios en las calles, ante la carencia de una red de desagüe. En cuanto al transporte público; en los días de lluvia el pasajero debe sortear goteras en el colectivo y buscar donde sentarse para evitar salpicones debido a que el piso casi siempre está con huecos.
En Ciudad del Este se paga el pasaje más caro a nivel nacional, G. 2.700 según ordenanza municipal, pero todos los choferes (sin excepción) cobran G. 3.000, so pena de ser obligado a bajar del colectivo. Los conductores son casi siempre intratables y creen ser dueños de las avenidas y de la vida de los pasajeros.  El pasaje es elevado por un servicio pésimo; las unidades sin ningún mantenimiento y la excusa de los empresarios es que las calles de los barrios son malos y destrozan los colectivos. La mayoría de estos empresarios son próximos al entorno del clan, o parte mismo del grupo predominante.
Esto lo sabe toda la ciudad; pero nadie se anima a protestar debido al temor a represalias. El clan tiene fuertes influencias en la justicia y en el ministerio público.
El predominio zacariísta se extendió a la Gobernación en las elecciones generales pasadas. Justo Zacarías Irún; hermano de Javier ganó y la preeminencia creció gracias a un equipo político cuya influencia va mas allá del mero trabajo electoral.

Desprendimientos
A lo largo de este tiempo, 13 años, el clan sufrió desprendimientos cuando varios referentes encontraron que ya no podían crecer bajo la sombra del líder; quien se encargaba de opacarlos.
Uno de ellos y cuyo caso fue el que más hizo ruido, fue la salida de Nelson Aguinagalde, quien al ganar la gobernación en el periodo anterior creyó tener techo propio y “desafió” a su líder y mentor y como en política en la cabecera hay una sola silla; Nelson debió crear un cisma y salir; hecho que fue bien aprovechado por un grupo de gobernadores que se perfilaban hacia Horacio Cartes.
El clan Zacarías se juega ahora la continuidad política; pues busca la Junta de Gobierno; asunto que hasta el momento no asume públicamente; pero que sus adherentes se encargan de diseminar por los pasillos del poder.

Escribe: Federico Herreros T.
federicoherrerost@gmail.com

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