Cuando sumar, es restar

168

Escribe: José Martínez

La economía, en estos tiempos, tiene un falso fondo que se llama realidad y al parecer dejó de ser la prima hermana de las ciencias exactas para convertirse en una veleidosa dama que se presta al irrespetuoso uso y abuso de la desmedida ambición de un necio poder fáctico, hábilmente disimulado en indescifrables y complicadas estadísticas.

La primera indecencia que le encontramos es que si ella crece en el país, ello no significa que todos sus habitantes tengan lo necesario, muy por el contrario, significa; paradójicamente que pocos tienen mucho y muchos demasiado poco.

El que en la economía actual, sumar para algunos signifique restar para otros, es porque extravió su esencia. Contaminada con el acaparamiento y la angurria, los dos niños mimados de la señora burocracia, que desde el más alto poder político, olvidó repartir lo que en justicia debería haber sido compartido en la mesa de todos, al menos en la proporción que señale la dignidad del hombre.

Si con la superior visión de la política al servicio de los pueblos fuéramos a detectar y corregir esta horrorosa iniquidad en el ejercicio y la aplicación de los conceptos genuinos de la economía, estarían salvados del pecado de la gula que cometen los que hoy ignoran los principios fundamentales de la oferta y la demanda, que debería repartir con mayor facilidad aquello que abunda y no negárselo a los demás.

Lo más peligroso de esta sinrazón en la economía, es que todos nos prestamos a sus insanías y le hacemos el cínico coro a sus desvaríos, como si fuera lo más natural del mundo, cuando en realidad no es otra cosa que un criminal adefesio, posible a la graciosa concesión de la política traicionando sus principios.

Si lo que abunda es el caudal financiero en manos de unos pocos insaciables, lo que debería evidenciarse rápidamente son las ingenierías políticas para una distribución equitativa de los bienes, a favor del marco de igualdad consagrado en nuestra constitución y en los principios de equidad y justicia que se establecen en la vida Democrática y Republicana.

Todo lo dicho está muy alejado de sacarle plata a los ricos para regalársela a los pobres, o de cualquier otro tipo de asistencialismo enmarcado dentro del tramposo pregón del Socialismo del siglo XXI.  Muy por el contrario, se trata de la construcción de herramientas de inclusión social en la medida del crecimiento económico del país, para que sus habitantes tengan en sus manos las oportunidades que desarrollarán su potencial de seres inteligentes y capaces de contribuir en la edificación de un mundo mejor, en total e irrestricto respeto a la propiedad privada.

Irrita ver que los políticos hilvanen sus discursos y boceten sus proyectos repitiendo los falsos evangelios de los gurúes de la economía, que posiciona al dinero como un Dios, por sobre la dignidad del hombre.

 

En el Paraguay se debería revisar las fuentes originales de la política económica que nos legaron Carlos Antonio López y el Dr. Francia, inspirarse en ellas y conectarse con el mundo en una inteligente interacción y no simplemente adoptando sus recetas que, así como están los parámetros de desigualdad en el orbe, son un innegable y estrepitoso fracaso político, que solo genera más pobres y pocos ricos, cada vez más ricos.

Facebook Comentarios

Compartir