Debe imperar la cordura

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El conflicto de límites entre Ciudad del Este y ciudad Presidente Franco cada vez está más álgido, porque lo que menos existe entre las autoridades de ambos distritos es la tolerancia y el diálogo, valores fundamentales para arribar a un entendimiento.

Tras la reciente resolución emitida por la Corte Suprema de Justicia, donde declaró inconstitucional la ley 776/79, favoreciendo de esa manera al municipio de la capital departamental, generó un verdadero revuelo en la población franqueña, que comenzó a movilizarse, declarando una especie de “guerra” de baja intensidad entre las autoridades y la propia ciudadanía de las dos localidades en cuestión.

Esta situación planteada, sin lugar a dudas, es sumamente peligrosa, desde el ángulo de donde se mire, porque la disputa territorial tiene un nefasto antecedente en este país, la pelea por la tierra históricamente ha causado muertes, enconos entre vecinos y hasta familiares.

Por tanto, los responsables de las comunas esteña y franqueña, deben tomar en cuenta este antecedente de lucha por la tierra, tomando conciencia de que si no arriban a un acuerdo salomónico, que beneficie a ambas partes, el resultado puede ser funesto para la buena convivencia entre vecinos.

Hoy el escenario se encuentra bastante hostil, por las acusaciones mutuas lanzadas entre ambos intendentes de los dos municipios. Alcides Fernández, jefe comunal de Presidente Franco, acusó a su par de Ciudad del Este, en haber manipulado la justicia, para que la Corte emita un fallo favorable para los intereses del clan Zacarías, ya que con esta resolución más de 600 hectáreas de superficie franqueña deberán pasar para la capital del Alto Paraná.

Por su lado, Sandra McLeod de Zacarías, tildó a Fernández de “soberbio y de un hijo malcriado”, y que con esa actitud sería difícil de arribar a un acuerdo, para que retorne la paz entre los habitantes de los dos municipios. A la par de estas discusiones estériles, también la población se moviliza y los franqueños afirman que no permitirán que los esteños dispongan de un territorio, que, legítimamente, les corresponde a ellos.

Pero tampoco esa es la salida, y aquí debe entrar a primar la razón sobre cualquier otro argumento. Solamente a través de un diálogo franco y sincero entre autoridades de los distritos en conflicto, se podrá hallar la receta adecuada para poner fin a este problema  que data a más de dos décadas atrás y hasta ahora no tiene solución.

Está claro que con la resolución de la Corte, antes que constituirse en una especie de bálsamo, no fue otra cosa que arrojar más nafta al juego, pasando a calentar más el horno, que actualmente se encuentra con una temperatura altísima, que de no encontrarse la panacea indicada, puede provocar un gran incendio y de incalculable consecuencia.

Aquí se tiene que buscar hallar una salida política al conflicto, y para eso es necesario que hasta el gobierno central se involucre, para así procurar devolver la paz y la armonía entre los habitantes de los dos importantes distritos del Alto Paraná. Es penoso ver que los moradores de la zona en conflicto vivan en la incertidumbre, sin saber si son esteños o franqueños. Es hora de poner fin a esta desavenencia territorial y para eso los involucrados deben sacar a relucir la principal arma para este tipo de problema, cual es la cordura.

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