El capital político bastante grande acumulado por Horacio Cartes le sirve de “colchón” para enfrentar el desgastante reto del frente social, pero la buena voluntad ciudadana puede ir aflojándose, a menos que el Gobierno encare un plan de desarrollo que permita reducir la pobreza con programas de inversiones en industrias y obras que creen empleo en forma masiva.
Tras vencer en la votación de la convención colorada del 15 de enero de 2011, hace exactamente tres años, lo que le habilitó a presentarse como candidato a la presidencia de la República, HC no dejó de ganar ninguna otra votación, tanto a nivel interno partidario como nacional, además de conseguir la sanción en el Congreso de las leyes fundamentales que le otorguen una holgada gobernabilidad.
Esta situación de afinada estrategia política le valió que en estos momentos nadie le discutiera su liderazgo en la ANR, mientras en el plano nacional surgen los primeros cuestionamientos por su posición ante el Mercosur y por las incógnitas que suponen las difíciles negociaciones con Argentina y Brasil sobre las represas de Yacyretá e Itaipú.
Pero donde se medirá la real capacidad de estadista de HC es en el agitado frente social, que en estos días se va ensombreciendo por las impopulares medidas de suba del pasaje y la falta de una política que fortalezca el salario real de los trabajadores. Por ahora, la esperanza está en la creación de fuentes de empleo con nuevas inversiones, pero que tardan en concretarse.
Mientras tanto, se sufren las consecuencias negativas en los ingresos de la población más pobre por causa de la paralización de obras públicas que viene desde el Gobierno anterior.
Complicado
panorama social
Desde el inicio del mandato de HC la voz de orden es el combate frontal a la pobreza, y especialmente la extrema, una pesada herencia que viene de administraciones anteriores y de un modelo de desarrollo que excluye de la riqueza generada en la economía a por lo menos un 40 por ciento de la población del país.
La capacidad de reacción del Gobierno en el frente social se vio, no obstante, muy limitada desde su asunción en agosto por la carencia de dos factores fundamentales a la hora de encarar una lucha exitosa contra la pobreza, como son la poca radicación de inversiones en industrias de alto nivel de empleo y por la gran reducción del gasto público en materia de obras de infraestructura. Las medidas paliativas de entregas de víveres y semillas a los campesinos pobres y a los sectores más vulnerables como los indígenas, sólo sirven para mitigar la urgencia de la comida y evitar que los marginados sociales sufran hambre, pero no resultan una solución a largo plazo.
Escribe: Luis Alen





























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