Día del Trabajador

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Escribe: José Martínez

 

En Paraguay, el código laboral recuerda “no se supone la gratuidad del trabajo,” como esta afirmación existen otras que no se reflejan en la realidad de la fuerza laboral.

Una jornada de trabajo es aquí el entramado que ilustra, como las leyes que rigen la actividad productiva de los trabajadores no son más que un enunciado teórico a los que nadie respeta.

En esto se ponen de acuerdo las víctimas de la trasgresión, tanto como los transgresores. Éstos últimos fabulan moralejas para convencer a sus víctimas sobre la sagrada misión del trabajo en la redención del hombre, siempre a cambio de una menor cantidad del salario estipulado por Ley.

Los atropellos a los derechos del trabajador siguen. Las horas de trabajo siempre se extienden hasta las “exigencias” patronales, esta gracia es interpretada, sin más, como el espíritu voluntarioso del trabajador, sin que ello se traduzca en sumas al salario.

Un salario que siendo el mínimo estipulado solo lo reciben unos pocos, sin que el florecimiento de las industrias y comercios, gracias al aporte laboral de los obreros, signifique revertir la situación.

No se descarta de esta lista el pésimo humor de los jefes que en muchos casos hacen trizas de la dignidad de sus empleados, es más que reprochable, la santa paciencia de los subordinados para tolerar el maltrato verbal e inclusive el acoso del que son víctimas, en especial el personal femenino.

Un capítulo aparte merece la absoluta falta de solidaridad que existe en algunos   acomodados con el patrón, que hacen frente común con ellos en contra de sus compañeros. Los ti roysá son parte de casi todos los escenarios de trabajo, es más, muchos con singular talento para tal degradante oficio, hacen una meteórica carrera, aún sin condiciones relacionadas a las destrezas laborales.

Acotar que la seguridad del trabajador hace agua por todas partes es justicia. Las condiciones de insalubridad, la exposición al peligro y la falta de seguro social son excepciones en esta patética radiografía que describo, y ella, no es más que el fiel reflejo de la desidia con que la fuerza laboral del Paraguay es administrada por las instituciones y sus responsables, que, lejos de fomentar su calificación y posicionamiento, la desvalorizan, permitiendo aquello que la ley prohíbe.

El éxodo sistemático e histórico de trabajadores paraguayos al extranjero, es una consecuencia del irreverente trato que la mano de obra nacional recibe de parte de las autoridades.

Miles de compatriotas aprontan valijas al sentir la orfandad en su propio país, cuyas autoridades no han interpretado aun la capital importancia de los trabajadores para el desarrollo.

Es de esperar que en la actualidad, el Ministerio del Trabajo, sea un celoso guardián de los intereses de los trabajadores en consideración al rol que la fuerza laboral representa para la república.

Esa energía moviendo los resortes del engranaje productivo, que en la medida de su progreso, mínimamente, debería responder con sus operarios como la ley manda.

 

Este 1 de mayo, en celebración del día del trabajador, se reiterarán los asados y los brindis, pero no nos engañemos, todo es solo aparente y superficial, la mano de obra desocupada, en éxodo o maltratada, no ameritan más que el incómodo análisis de la situación en la que está inserta la clase trabajadora.

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