
Escribe: José Martínez
Nadie podría dormir tranquilo si tuviera la versión completa de la película que protagonizan los responsables de las instituciones, en cuyas manos está la vida de todos.
Para darnos una ducha de realidad, no más deberíamos hacer un recorrido por los pomposos nombres de las instituciones, cuyas acciones contradicen groseramente el discurso que les permite apropiarse de sumas siderales que, o son desviadas de su propósito, o simplemente desaparecen, sin efecto en el destino que deberían cumplir.
Ministerio de Educación y Cultura es la primera estación de nuestro recorrido, a sabienda teórica de la importancia del tema de su incumbencia para el desarrollo de la República, no hay lógica en los miserables montos asignádole para el cumplimiento de sus obligaciones, y ni hablar, del razonamiento aplicado para la distribución del débil presupuesto que le otorga la inconsciente clase política, que pisotea su propio discurso a la hora de asignar las herramientas financieras para la educación.
La ausencia del Estado en este rubro se transforma en escuelas taperas, sin baños, sin bibliotecas, sin rubros y con docentes incapaces, todo esto, imprime las miserables instantáneas que se repiten a lo largo y a lo ancho de la República sin educación.
Le sigue por su importancia básica el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, donde a duras penas se improvisa un remedo burdo de lo primero, sin posibilidad alguna de tan siquiera aproximarnos al Bienestar Social.
Hospitales cabeceras como el de CDE, sin insumos, sin tecnología, junto a la más inhumana atención, retacean alivio al dolor de la gente y sellan las más criminales estadísticas .La calamidad de los puestos de salud perdidos en la olvidada geografía patria, son una pesadilla que se la dejamos para la imaginación de los lectores.
Dirección General de Aduanas,constituye otra estación en esta patética radiografía de la debilidad institucional del Paraguay. Siendo ella uno de los principales entes de fiscalización y recaudador del Estado, está atrapada en las garras de mil sospechas de corrupción, beneficiada con un blindaje de impenetrable impunidad, donde los más escandalosos episodios se asfixian bajo el manto del silencio cómplice de sus irresponsables e infieles directores.
El poder legislativo, no está fuera del triste itinerario que nos toca recorrer. En este antro de la perversidad política se cuecen los más abominables ingredientes, con los que, la extensa lista de sus decepcionantes integrantes, prepara los amargos tragos que bebe la ciudadanía desencantada por tantas fechorías.
La debilidad de nuestras instituciones es la consecuencia de una arraigada costumbre de trampas y saqueos perpetrados sin pudor en las más altas cumbres del poder. Y si su majestad dirige el pillaje…
Lo que detectamos en nuestras instituciones debilitadas no es pura coincidencia, es la consecuencia de la desacertada e ingenua decisión de dormir con el enemigo.





























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