El EPP nos pisa los talones

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Escribe: José Martínez

Estamos pisándoles los talones, afirmaba un entonces ministro del Interior, en referencia al inminente éxito de las fuerzas de seguridad ocupadas en el propósito de aniquilar al grupo, demás está decir que ello nunca ocurrió, hoy los del EPP nos pisan los talones y someten al Estado Paraguayo, dejando al pleno de los organismos de seguridad de la República en una incómoda posición.

Tras perpetrar el asalto en un establecimiento, ultimando a un peón y un efectivo militar, alzándose con el botín y un rehén, con dos bajas en sus filas, procedió a extorsionar a la familia de la víctima, obligándola a entregar a los pobres del Norte, víveres por un valor de 50 mil dólares americanos.

Tras la procesión de camiones cumpliendo la orden y ante la mirada atónita de todos, los víveres llegaron a manos de personas que jamás antes habían recibido este tipo de auxilio alimentario de parte del gobierno.

El episodio posterior fue la entrega de un video difundido hasta el hartazgo por todos los medios de comunicación masiva. El contenido argumentaba suficientemente a favor de los medios y los fines que los mueve en esta guerra declarada al Estado paraguayo, cuya ausencia institucional en gran parte del territorio nacional se reiteró también en la tácita autorización para la difusión del material  que permitió al grupo  sumar espacio en la consolidación de su imagen pública, sin mediar alguna decisión oficial de censura al material, que lejos de ser información pública constituyó una contundente y efectiva  muestra de propaganda terrorista.

El EPP nos pisa los talones y logra que todo el Estado se someta a sus requerimientos, mientras los organismos de seguridad no salen de los intentos fallidos en la meta que se les ha asignado legalmente.

No obstante es esperanzador suponer que el gobierno esté trabajando diligentemente en estrategias que nos aseguren el estado de derecho que define la vida dentro de la república.

No deberíamos permitir que el estado jurídico sea quebrantado por las arremetidas de quienes rompieron la fidelidad con la razón, e inyectan el amargo sabor del terror en la vida de los paraguayos. El antídoto contra la aventura de estos, a la par de las fuerzas que se constituyeron para su aniquilación, es la efectiva presencia del Estado, con claras evidencias de una voluntad política consagrada al irrestricto respeto de los derechos humanos, y una equitativa distribución de los beneficios que genera el conjunto de las riquezas que conforman el patrimonio común.

 

Sin lo último, lo primero solo multiplicará el estado de zozobra y terror, el ámbito natural de los que proponen la más demencial agenda de violencia, como herramienta para enderezar los caminos equívocos de una sociedad que debería plantearse como prioridad absoluta mover las piezas correctas, antes que el terrorismo provoque el jaque mate en el ajedrez jurídico e institucional de la Nación.

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