El Himno Nacional, el reggaetón, la polca paraguaya y la cumbia

682

Cuán difícil resulta plasmar en la realidad los versos del himno nacional, al parecer son otras rimas poéticas las que inspiran el accionar de nuestros dipuchorros y senarratas.
Al observar la “flamante” lista de parlamentarios electos, muchos nombres no alientan unión ni igualdad y mucho menos bríos, que pudieran darnos libertad,  por el contrario desalientan enalzar el gorro triunfal.
Quedan fuera de estas afirmaciones aquellos a quienes el saco no les quede bien, por lo que no cabe solicitud de disculpas por lo dicho, aunque sí una marcada desconfianza sobre aquéllos a los que sí les sienta el saco de las acusaciones vertidas. En la idiosincrasia política paraguaya cabe el absurdo del rekutu,  el  premio de la reelección a favor de quien, por su pésima o nula acción debería ser alejado definitivamente de la función pública, al igual que el pretendiente desprovisto de vocación y talento persiguiendo una banca.
Sin desmerecer la legitimidad de las elecciones, hoy nos enfrentamos a la sensación incómoda de haber elegido un legislativo en el que no  todos los que están, son y no todos los que son, están. 
El nuevo poder legislativo trae caras gastadas y poco felices que no animan a esperar mejores acciones, también otras nuevas que sí dan lugar a las esperanzas de una mejor gestión y entre éstas, algunas inquietantes incógnitas repartidas entre el recelo y la desconfianza, por la insignificante estatura que poseen en las dotes que exige la majestad del cargo al que llegaron, quien sabe con qué inconfesables propósitos.
Es de rigor que los ciudadanos nos planteemos la relación  existente entre la acción de los legisladores y la pobreza injusta que acogota a casi la mitad de los paraguayos.
El blindaje del fuero parlamentario no es impedimento para el control y el reclamo ciudadano ante alguna gestión delictuosa, no se trata de un cheque en blanco, ellos no son seres provistos de poder absoluto, los fueros no son un chaleco de impunidad, todos los actos de diputados y senadores deberán ser juzgados en el marco jurídico más estricto, para que la costosa gestión de cada uno de sus integrantes, financiada con la plata del pueblo, sea de visible provecho para la república. El poder legislativo, a pesar de algún indeseable que lo integra, debería ser la infranqueable valla legal protectora del  derecho y el patrimonio público.
Los parlamentarios deben inspirarse en las estrofas del Himno Nacional del Paraguay para cumplir con el compromiso que asumen, y aunque el ritmo del reggaetón y la cumbia suenen más  que la misma polca, deben al pueblo, legislar con inteligente patriotismo.

 

Escribe: José Martínez

Facebook Comentarios

Compartir