Escribe: Luis Alen.
La gran incógnita se plantea con la continuidad de Marito Abdo y Hugo Velázquez, porque se hallan blindados por Horacio Cartes con la operación “Cicatriz” de por medio, por lo que hay que ver hasta dónde podrá llegar la gente para desmantelar el pacto de impunidad en la cúpula del poder, que ha sido la causa del estallido social.
El presidente ni el vice se irán fácilmente pese a los reclamos de miles de manifestantes, porque toda la clase política ya está en jaque ante el “que se vayan todos”, por el cansancio ciudadano debido al deficiente gobierno y la corrupción desenfrenada.
La crisis política desatada por la grave situación sanitaria plantea la paradoja de un débil Marito que no puede seguir sólo dependiendo del Patrón HC, ya que el unánime reclamo social es dar un golpe fuerte de timón para eliminar la corrupción y la impunidad, como única fórmula para salir del actual atolladero social.
Los manifestantes llegaron finalmente el domingo hasta la mansión de la calle España, reclamando la renuncia o el juicio político para Marito, a sabiendas que el verdadero poder está encarnado en Horacio Cartes. Pero el Patrón no le baja el pulgar al jefe de Estado, por lo que ahora el reclamo ciudadano está en una encrucijada, ya que debe enfrentar también al verdadero sostén de un gobierno sumamente debilitado y sin credibilidad.
La pueblada ciudadana del fin de semana no sólo volvió a poner en entredicho a un gobierno en marzo, el mes más fatídico en la historia política nacional reciente, sino también confirmó lo que ya se venía repitiendo una y otra vez sobre la gran debilidad del Gobierno de Marito Abdo, que ya resulta incapaz de afrontar los grandes problemas que hacen al devenir paraguayo, porque notoriamente se muestra imposibilitado de sintonizar con los urgentes reclamos de la sociedad.
El hartazgo ciudadano
El estallido social de los últimos días es el reflejo del hartazgo ciudadano, pero no sólo por el tema de la falta de insumos y medicamentos en los hospitales públicos, sino también por la insensibilidad supina de una clase política que creyó lograr la “cicatriz” para que sigan impunes los actores de la encarnizada lucha por el poder en la ANR, de la que el pueblo iba a ser de nuevo el pato de la boda.
Esto es así porque desde hace varias semanas y meses atrás ya se venía advirtiendo que el resultado iba a ser lo que finalmente sucedió: que le explote en las manos a Marito la fuerte pulseada por el control de los recursos de la financiación pandémica de miles de millones de dólares, sin rendición de cuentas y controlada por el círculo áulico presidencial, pero bajo la mirada vigilante de control de las huestes de Horacio Cartes, dispuestas a evitar que ante el Patrón se planten recursos estatales manejados a discreción por el abdismo que le eviten constituirse a HC en el gran elector para el 2023.
El presidente esperó que la situación no llegara al límite al que arribó la semana pasada, tal vez pensando que la ciudadanía seguiría sin capacidad de movilizarse por la pandemia o porque no habría suficiente respaldo popular a una movilización sin el aporte de sectores colorados descontentos, que aparentemente se hallan aletargados por la operación cicatrizante.
Pero no fue así. Ni siquiera la renuncia del ministro de Salud, Julio Mazzoleni, o el anuncio de más cambios en el gabinete desplazando a ministros no afectos al cartismo, pudieron terminar con las protestas que continúan a diario, porque la cuestión ya se volvió como una crisis del sistema, ya no por la mala respuesta al “covid” sino por algo más grave como el “pokovi” (en guaraní: la mala costumbre de tocar lo que no es de uno). Aquí es donde entra a tallar el escaso grado de preparación de la clase política para afrontar esta crisis sistémica terminal, por cuanto la dirigencia de la ANR como la de los demás partidos andaban sólo en lo que más saben hacer, es decir en la búsqueda de votos en plena campaña electoral para las municipales, olvidándose de los grandes problemas económicos y sociales de la gente, manifestados con toda su virulencia en la pandemia.
Como ya se ha dicho en esta misma columna hace varias semanas, tal vez la única excepción a la falta de preparación para realizar un próximo gobierno incluyente de la gente y con respuestas a los grandes problemas nacionales como el caso del Anexo C de Itaipú, sea el PLRA del sector de Efraín Alegre, enfrentado con el cartismo y el llanismo por la inclinación de éstos a “cicatrizar” a la mafia corrupta.
Ante la espontánea autoconvocatoria de las redes sociales, en general la respuesta de los partidos de la oposición al estallido ha sido la de acompañar y aprobar las manifestaciones de repudio a Marito, aprobando casi a regañadientes el pedido de renuncia tanto de éste como la del vicepresidente Hugo Velázquez, o de su enjuiciamiento político. Pero lo hacen sabiendo que la operación “Cicatriz” alcanza para salvar las cabezas de Abdo y Velázquez, a menos que la presión ciudadana sea tal que no haya otra salida que la caída de ambos.
El problema es que una salida ahora de Marito y su vicepresidente conlleva el llamado a elecciones en 90 días, según la Constitución, poniendo en aprietos todo el andamiaje montado para las municipales, tanto internas como generales.
Además, el cartismo sabe que una presentación en sociedad de la ANR en estos momentos con una oferta electoral para la presidencia, implica una casi segura derrota catastrófica en las urnas, además de, por supuesto, la pérdida de su influencia y blindaje en la justicia.
Disidencia anti-corrupción y anti-HC
La única salida para descomprimir la crisis social y sanitaria, es exigir una estricta rendición de cuentas al gobierno de Marito sobre el destino de los 1.600 millones y más de la financiación para afrontar los efectos de la pandemia, además de resultados inmediatos en la provisión de los medicamentos, insumos y vacunas anti-covid.
Para ello, tendrá que desmantelar el añejo esquema corrupto de compras del ministerio de Salud, así como del Instituto de Previsión Social (IPS), que han sido siempre un coto cerrado de los popes de la ANR, en alianza estratégica con empresarios privados del sector farmacéutico.
Si hubo carencias de medicamentos e insumos en la primera línea de batalla contra el covid, fue precisamente por la “huelga de brazos caídos” de funcionarios y empresarios que no veían con buenos ojos que se cambiara el oscuro mecanismo por uno transparente en las adquisiciones y en sus costos.
Mientras que la crisis política no pasa para su solución por la renuncia o juicio político del presidente y el vicepresidente, sino por el armado de una disidencia anti-HC fuerte en el Partido Colorado, que además le servirá a la ANR como una especie de salvavidas teniendo en vista las municipales y las generales, porque así como están las cosas el electorado podría dar un histórico mazazo a los candidatos colorados.
La sentencia de muerte para el movimiento oficialista Añetete ocurrió el sábado, cuando los seccionaleros de Capital y Central acudieron en bandada a Mburuvicha Roga para anunciar que saldrían a las calles a enfrentar a las manifestaciones propiciadas supuestamente por Efraín Alegre y Fernando Lugo.
Al rato de este anuncio, el titular de la ANR, el cartista Pedro Alliana y presidente de la Cámara de Diputados, ubicado en la línea sucesoria en caso de acefalía, cortaba de cuajo cualquier contra-manifestación, abogando por la paz social. De inmediato, Marito también acompañó la desmovilización colorada. Es decir, de Añetete, con lo cual quedaba confirmado el acta de defunción del movimiento surgido en 2016 para enfrentar al cartismo en la ANR.
Seguidamente, el presidente también dio satisfacción a HC declarando cesantes al ministro-jefe de gabinete Juan Ernesto Villamayor, de los más cuestionados por el cartismo, y al ministro de Educación Eduardo Petta, uno de los ministros con peor imagen en la gestión abdista.
Desprovisto de sus caballitos de batalla principales para encarar la arremetida cartista, se presenta negro el panorama político para Abdo, más aún que ahora ni siquiera tendrá la capacidad de enfrentar a HC por ejemplo en la capital, donde tiene todas las de ganar el actual intendente Óscar “Nenecho” Rodríguez, el novel adherente del cartismo, que cuenta con recursos del orden de US$ 230 millones del presupuesto municipal, según lo reconoció el propio candidato abdista Daniel Centurión en un audio dado a conocer en forma furtiva por las redes sociales.
Queda por ver la capacidad de acción de un movimiento anti-HC en la ANR, como una suerte de disidencia de nuevo cuño con miras al salvataje del centenario partido nacional republicano, aprisionado como está ahora en las garras del unicato cartista.
Una posibilidad podría ser la articulación de los disidentes detrás del movimiento RUC (Renovación y Unidad Colorada), del gobernador de Alto Paraná, Roberto González Vaesken, quien ya dio muestras de su negativa rotunda a aceptar las imposiciones de HC para las candidaturas en las municipales, comenzando por Ciudad del Este, donde promueve la candidatura de Esteban Wiens, el hijo del ministro de Obras, Arnoldo Wiens, quien sería también otro de los ministros cuestionados por el cartismo por su papel protagónico en las inversiones estatales en infraestructura de los últimos dos años.
No parece desde luego muy atrayente en estos momentos salir en defensa de Marito, por el desgaste de éste ante la ciudadanía y por su nefasto pacto de impunidad con HC, que es lo que le costó al final estar al borde del precipicio.
Pero ojalá que el presidente recapacite y se anime a dar el golpe de timón que hace falta en el gobierno para reencauzar la gestión con transparencia, rendición de cuentas y sanción a los culpables de tantas penurias para la gente en materia especialmente de salud y educación.




























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