Se habla bastante que este 2017 sería el fin del reinado del clan Zacarías en Ciudad del Este, tras 16 años de hegemonía, tiempo que le sirvió para convertir a Ciudad del Este en un gran mercado persa, y transformar a sus integrantes en multimillonarios, fruto del desvío del dinero público, a lo largo de los años.
El clan Zacarías, capitaneado por Ernesto Javier, tomó el poder del segundo municipio más importante de la República en el 2001, cuando el mismo fue electo intendente de la capital del Alto Paraná. Desde ese año hasta ahora este grupo político se apoderó de los genuinos recursos del pueblo esteño, sin devolver casi ni un beneficio a los sacrificados habitantes de este distrito fronterizo del país.
Desde que tomó el poder político y comunal del décimo departamento del Paraguay siempre el clan Zacarías se mantuvo al margen de la ley. Algunos integrantes de este grupo político, como Javier Zacarías, Sandra McLeod, nunca demostraron una verdadera voluntad de servicio hacia el pueblo, que justamente los puso en el cargo.
Muy por el contrario, desde que llegaron al cargo comenzaron una titánica persecución contra aquellos que ponían en duda la gestión de los mismos. Eso hizo, que el ideólogo de este clan, Javier Zacarías, emprendiera una política de sometimiento al pueblo, en complicidad de algunas autoridades de justicia, llámese jueces, fiscales y hasta agentes policiales, que se pasaron y se pasan acatando órdenes de un hombre que anarquizó Ciudad del Este.
El poder omnipotente y autoritario que ejerce este clan, bajo las órdenes de Javier Zacarías continúa dándose, porque los diferentes gobiernos de turno permitieron y hasta otorgaron protección (como el caso del gobierno de Cartes) a un grupo político que se apoderó de esta zona fronteriza, pasando a convertir la municipalidad local en un negocio particular.
Todo este manejo torcido, que hace más de 16 años implementa en esta región el clan Zacarías, está llegando inexorablemente a su fin. Los habitantes de esta comarca paranaense están hastiados de la prepotencia, intolerancia, maltratos, soberbia, ofensas, manipulación de la justicia y la inocultable corrupción en que están envueltos varios integrantes de este grupo político.
La ciudadanía ya no está para tolerar el avasallamiento del estado de derecho en una nación donde sus autoridades se jactan de demócratas. Muchos años de sufrimiento en una localidad que hasta hace unos años atrás era el principal pulmón por donde respiraba la economía nacional. Hoy apenas son una quimera aquellos momentos floridos, donde la palabra crisis era una ilustre desconocida para los habitantes de esta parte de la república.
Pero las autoridades no entendieron o no supieron capitalizar el inmenso valor de Ciudad del Este, a la que abandonaron a su suerte, lo que llevó a sumirse en una terrible recesión nunca experimentada anteriormente. Hoy el pueblo deberá luchar tenazmente contra este oprobioso clan, que se apoderó del esfuerzo y sacrificio de la ciudadanía. Lo mejor que puede ocurrir, para los pobladores esteños, es el fin del clan Zacarías.





























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