Es impresionante la falta de responsabilidad de un vasto sector de la clase política paraguaya. Un ejemplo actual es la ley del Seguro Obligatorio para Accidentes de Tránsito (SOAT), sancionada por el Congreso y promulgada por el Poder Ejecutivo, la cual entró en vigencia en este 2014.
Sin embargo, una vez más, quedó en evidencia una fragilidad de nuestras autoridades, la improvisación. Esta ley aprobada por los parlamentarios apareció con innumeras falencias, que a la hora de en entrar en vigencia, se tornó inaplicable, por una serie de inconvenientes legales.
A partir del 1 de enero ya debería entrar en vigencia el SOAT, pero posterior a su sanción, detectaron las anormalidades, por lo que recién a partir del 3 de marzo del año en curso comenzará a regir el pago del seguro obligatorio, según determinó la Superintendencia de Seguros del Banco Central del Paraguay (BCP).
No obstante, ya sirvió para crear una gran confusión en la ciudadanía, y principalmente para los automovilistas y motociclistas, que son los afectados directos por esta enmarañada ley, que fue aprobada por el Congreso paraguayo.
De esta manera queda al desnudo la poca seriedad con que actúan nuestros representantes ante el Parlamento a la hora de estudiar y aprobar una ley, que posteriormente servirá para el ordenamiento jurídico de cada ciudadano que habita este país sudamericano. Pareciera que nuestros congresistas no llegan a dimensionar la tamaña irresponsabilidad en que incurren constantemente.
Esta no es la primera ni será la última, atendiendo la folclórica forma como se maneja la clase política paraguaya. Anterior a este mejunje que se armó con el SOAT, se sancionó otra polémica ley, la ITV, Inspección Técnica Vehicular, pero que tampoco pudo ser aplicada, por la falta de claridad en varios de sus artículos. Hoy enfrenta los mismos defectos que el SOAT, y está en stand by, hasta que se pueda adecuar y corregir los errores existentes en el documento.
Con este tipo de pifiadas permanente en que incurre el Parlamento, lejos de ganar el respeto, empieza a perder rápidamente confianza de la ciudadanía sus inquilinos, que son los representantes del pueblo, encargados de elaborar leyes justas y equitativas, para el ordenamiento jurídico y político de esta república. A esto hay que agregar los últimos escándalos en que se vieron envueltos diputados y senadores de la nación.
Entonces urge un cambio de actitud de los integrantes de ambas cámaras del Congreso, para intentar recuperar la confianza perdida en ellos por parte de la ciudadanía. La pobre imagen transmitida a nivel nacional e internacional debe ser revertida con un trabajo criterioso y serio, primordialmente que surtan provecho a favor del pueblo, que ahora más que nunca aguarda con expectativa el anhelado cambio profundo en el Paraguay.
Pero este sueño jamás se convertirá en realidad si es que no existe voluntad política y vocación de servicio de las autoridades. A casi cuatro meses de este nuevo gobierno aun se continúa esperando con suma expectativa el “Nuevo Rumbo” que prometió desarrollar el presidente Horacio Cartes. Pero para lograr hacer andar el motor tiene que existir unidad de criterios entre los distintos actores sociales de este Paraguay, que trata de despegar hacia un nuevo horizonte. La clave radica trabajar en serio y abandonar las improvisaciones.





























Facebook Comentarios