La inseguridad continúa campeando en nuestro país, sin que el gobierno pueda hallar la solución a este flagelo social, que ha puesto en vilo a la población paraguaya.
La tarea de la Policía Nacional sigue siendo un fracaso, porque como principal órgano de seguridad no ha respondido a las exigencias de la ciudadanía, que se encuentra a merced de los delincuentes.
La marginalidad ha tenido un avance alarmante en los cuatro cantos del país, siendo uno de los puntos sensibles la capital del Alto Paraná, Ciudad del Este. A esto hay que sumar la zona norte, donde con la aparición de este grupo criminal, autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), ya se ha cegado muchas vidas inocentes, enlutando varios hogares, principalmente de familias humildes.
Sin embargo, hasta hoy no existe una respuesta sólida a este flagelo por parte del principal organismo de control del Paraguay, la Policía Nacional, donde varios de sus miembros, lejos de cumplir con eficiencia sus tareas, constantemente se ven involucrados en hechos delictivos, poniendo en permanente duda ante la ciudadanía la labor de ellos.
La población paraguaya, técnicamente, se encuentra en mano de los facinerosos, sin que hasta hoy el Ministerio del Interior (quien coordina la tarea de seguridad en el país) haya encontrado una solución adecuada, para tratar así de disminuir la terrible ola delictiva. Es evidente, que la gente está desprotegida, porque un alto porcentaje de los agentes del orden, que deberían resguardar la seguridad de la misma, están ocupados en los cuestionados guardias privadas, que genera una pingüe ganancia a los jefes policiales.
La imperante corrupción también le tiene atrapada a la Policía Nacional, y de la que no puede salir, porque el mismo sistema sigue vigente, desde años atrás. Ya no es novedad, que en un robo o asalto aparezca como autor material o cómplice un uniformado activo. Eso también revela el gran deterioro social de la institución, que ha perdido la total credibilidad de los habitantes de esta República.
La capital del Alto Paraná, últimamente, pasó a constituirse como uno de los distritos más inseguros del país, donde diariamente se registran robos, asaltos y hasta secuestros, y en muchos de los casos, con desenlaces fatales. En Ciudad del Este, el organismo de seguridad policial se ve rebasado en su control, por lo que la ciudadanía está a merced de los marginales.
El presidente Horacio Cartes tendrá que extremar esfuerzos y tratar de hallar la salida a esta inseguridad, que se apoderó del país, tornando insostenible la situación. Si desea que tenga funcionalidad la Policía Nacional, debe ser sometida a una reestructuración general, depurando sus cuadros, con incorporación de más hombres, mejoramiento del servicio en cuanto hace a infraestructura y mejoras salariales para los agentes.
No se puede continuar viviendo en zozobra, en una nación con apenas 7 millones de habitantes, y en donde los delincuentes “usan y abusan” de la población y nadie hace nada para poner fin a esta lamentable situación, de ribete extremo. Hay que encontrar los mecanismos de control a esta inseguridad galopante, que definitivamente se apoderó del país.





























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