La inflación “baja”, una causal discutible para reducir pobreza

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Escribe: Luis Alen

lusialgo@yahoo.com

 

Cuando los técnicos de la Secretaría de Planificación a cargo de José Molinas se esmeraban en explicar los sorprendentes números que manejan sobre la drástica reducción de la pobreza de casi 50 por ciento en menos de cinco años, el presidente del Banco Central, Carlos Fernández, daba por seguro que no sólo el crecimiento económico y más fuentes de trabajo fueron los responsables de tan sonado éxito, sino que también estuvo por detrás la inflación controlada por el BCP.

Es cierto que niveles de inflación anual de un dígito, que fueron la constante en los últimos diez años, tienen su efecto saludable para mantener ciertos márgenes aceptables de ingreso real para la gente, especialmente los más pobres, pero no hay que olvidar el dato de que este factor tenido como determinante para bajar la pobreza, no es tanto así como se dice oficialmente, porque estamos en presencia de una inflación reprimida por un tipo de cambio real negativo y que tiene sus consecuencias perniciosas sobre la producción nacional, las exportaciones y el contrabando que no para también de crecer.

Como consecuencia de una política monetaria, crediticia y cambiaria de excesivo control antiinflacionario, por parte del Banco Central, la economía informal a su vez no cesa de expandirse, con resultados severos sobre la capacidad del mismo Gobierno de recaudar impuestos. En estas condiciones, el contrabando es imposible de frenar, dadas las ventajas de precios existentes en la frontera con los países vecinos, para ingresar toda clase de productos de consumo masivo.

En cierto modo, es la economía informal la gran variable para entender un proceso de redistribución del ingreso que favorece a las capas pobres, permitiéndoles tener precios accesibles y llegar a fin de mes con el escaso ingreso familiar disponible.

Macroeconomía y microeconomía

El día que comencemos a equilibrar la macroeconomía con la microeconomía en el Paraguay, saldremos adelante, decía un empresario preocupado porque no podía comprender por qué su empresa estaba con pocas ventas pese al gran crecimiento económico alcanzado por el país, de casi 15 por ciento, el año pasado.

Es que por el contrabando que aliviaba la situación de los sectores de menores ingresos, y por la costosa política del BCP de mantener altos los tipos de interés y atrasado el tipo de cambio con fines de controlar la inflación, no había fórmula posible para rescatar a su empresa del peligro de una convocatoria de acreedores. Inevitablemente los bancos le mandarían al remate sus bienes si es que no se ponía a realizar también la clásica estrategia de evadir impuestos y, lo peor, a contrabandear también.

La macroeconomía estable de los últimos diez años se basó en una política contraria a un crecimiento sostenible en el tiempo. De allí los vaivenes de tener un año de incremento del PIB de 15 por ciento (2010 y 2013) y otros de vacas flacas (2009 y 2012), por lo que el Gobierno tendrá que centrar su acción en la realización de inversiones fuertes como las que se anuncian en infraestructura, así como a favorecer la inversión privada. Pero todo finalmente quedará supeditado a los manejos de la política monetaria y cambiaria del BCP, a lo que se agrega una situación de déficit fiscal que aún no tiene una luz al final del túnel oscuro en que se encuentra ahora.

El Gobierno pretende por ello elevar los impuestos, pero es lo menos indicado en momentos en que se necesita favorecer las inversiones y un ambiente de negocios sano en el que se combata más bien la evasión y la corrupción pública o privada.

 

La mirada debe estar puesta en potenciar la microeconomía de las empresas, dándoles un respiro en cuanto a saludables políticas crediticias y en una mayor atención hacia el tipo de cambio que favorezca la producción y las exportaciones.

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