Escribe: Abog. Gloria Carolina Ramírez F.
Centro Regional de Mujeres del Alto Paraná (columnista invitada)
Es bien sabido que desde años nuestra sociedad ha pasado por muchos cambios significativos, y que en muchas partes también se ha quedado en el tiempo, con el pensamiento arcaico y rudo. Las mujeres desde sus comienzos han sufrido lo más triste y cruel de las humillaciones, bajo el poder patriarcal de los hombres, quienes las sometieron a diversas ataduras, demostrando una superioridad de fuerza y poder, menoscabando la dignidad de las mismas en toda su expresión.
Hoy día con las organizaciones sociales, las leyes y todas las instituciones que se fueron creando para la defensa de esta parte de la sociedad más vulnerable, las mujeres están ocupando el lugar que siempre les ha correspondido. Es bien sabido que una sociedad auténtica y con principios fundamentales; los valores y la humanidad, están en el rol de la mujer dentro de sus hogares y de su comunidad.
Es lamentable tener que mirar crónicas en los medios masivos de comunicación donde solo señalan la violencia hacia la mujer; ésta agresiva enmarcada por la revictimación de la misma, por que la propia sociedad hace caso omiso a este flagelo. Se las expone, se las juzga y pasamos a ser meros espectadores, sin tratar de mejorar.
Desde la creación de los derechos de la mujer, con la aparición de la Ley 1600/00, se ha buscado prevenir la violencia hacia la mujer; pero la sociedad paraguaya, con su idiosincrasia, hace que esta ley muy importante, una de las primeras en Latinoamérica, sea solo letra muerta.
Las instituciones del Estado deben unir esfuerzos y trabajar de manera coordinada para frenar la ola de violencia, que en estos días se ve muy presente en distintos estatus social, sin distinción de raza y de religión.
Con la violencia, lo que los seres humanos conseguimos es nuestra autodestrucción, empujando a nuestra especie, que por cierto es racional, a demostrar que cuando la violencia se presenta, la racionalidad queda en el olvido.
Miremos un futuro mejor, con la aplicación de normas de conductas, la comunicación y orientación de nuestros niños, la transmisión de buenos modales, para que de este modo hagamos frente a la violencia en nuestro seno familiar. El buen trato, la educación y el diálogo son bases fundamentales para mejorar las relaciones humanas desde nuestros hogares, cuyos integrantes mañana serán reflejo de una sociedad mucho más llevadera.





























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