Libertad política y desarrollo económico

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Escribe: José Martinez

Resulta imposible separar la economía de un país del hecho  político e ideológico, éste último determina el rumbo de lo primero.

En la actual circunstancia política del Mercosur, el Paraguay tiene la imperiosa necesidad de implementar una estrategia que le permita salvar el escollo político y avanzar en el plano del relacionamiento comercial con los argentinos y brasileños, los vecinos a los que está ligado por un cordón umbilical geográfico.

En conocimiento de cuán importantes resultan sus mercados para la exportación e importación  de productos y la existencia de las fronteras vivas que posee  con la Argentina y Brasil no queda otra opción, al menos por ahora.

Como lo dijera el presidente Mujica de Uruguay, el planteo resulta válido dado que los países no se cambian de lugar.

El determinismo histórico establecido con esos países permanecerá  hasta tanto no se construya un nuevo frente de intercambio comercial  favorable a Paraguay, ello constituye un  desafío para el actual gobierno paraguayo.

La característica del pensamiento político de los países integrantes del Mercosur que comulgan  con el Socialismo Bolivariano del siglo XXI, pondrá en jaque a muchos de nuestros valores republicanos y originará uno de los más encarnizados  debates políticos internos del Paraguay.

La conectividad global que el Paraguay requiere para dinamizar su economía se complica por nuestra condición de país mediterráneo. La situación no es otra cosa que un llamado de alerta para nuestra clase política que deberá desarrollar al máximo sus virtudes y así evitar el aislamiento, e impedir que el Paraguay sea arrastrado por la fuerza política que mueve a los otros integrantes del bloque.

El gobierno del Paraguay deberá unir esfuerzos con el sector privado para generar alternativas que nos independicen soberanamente de la estructura que nos ata, incómodamente, a nuestros vecinos y socios del Mercosur, los qué, concentrados en un juego ideológico generan para sus propios países un irrespirable tufo  demagógico, que riñe con la idea que tenemos en Paraguay sobre el desarrollo económico y social.

El nivel y la capacidad negociadora de nuestras autoridades, permitirá reencausar nuestros flujos de exportación e importación sin que ello contamine nuestro libre albedrío político.

En un mundo globalizado, donde los países pequeños que pretendan conservan su independencia económica y política, es  de rigor, no cometer la torpeza de cambiar oro por barro, en el caso nuestro el operativo supone mucho riesgo.

Para que ello no ocurra es preciso que nos pongamos a reflexionar sobre los valores que hemos atesorado en medio de tantas  tormentas políticas registradas a lo largo de nuestra  historia.

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