
Escribe: José Martínez
Me pregunto si los paraguayos estamos preparados para saber lo que hoy ya sabemos y que luego ya lo sabíamos pero no teníamos el coraje de acusar el impacto, como ahora, obligados a demostrar que tenemos dignidad y que estamos dispuestos a defenderla.
Tras la orden presidencial de transparentar la fogata de perversión que se encendía con el dinero público en las Binacionales, en diputados, Senadores y cuanta institución existan al servicio de la nación, la película se volvió explícita al máximo y ello nos obliga a responder con la entereza que nos exige la situación.
La fábula que nos contaban políticos, directores y altos funcionarios de la república, nos deja una amarga moraleja, que tal látigo nos cae sobre las espaldas, el dolor que nos deja el sabernos violados, burlados y estafados por una elite de políticos corruptos que tomaron por asalto las arcas del Estado es indescriptible.
Lo más denigrante y reprochable del caso, es saber que, con el cuerpo del delito expuesto en la fría morgue de la dignidad y la honradez política, nos sentimos impotentes para obtener justicia y castigo para los delincuentes, los que siendo juez y parte del sistemático y oprobioso hurto del dinero público, cínicamente ensayan artilugios mentirosos para explicar lo inexplicable y lo que es peor, seguir al frente y al cuidado de la carne, luego de habernos demostrado que son la viva encarnación del mbaracayá monda, de nuestro folklore telúrico.
¿Y ahora que sabemos todo?, ahora que no existen dudas, y si una dura verdad, ¿qué haremos?, ¿seguiremos como si nada, igual que antes cuando sospechábamos y nuestra cobardía ciudadana se escudaba tras lo presunto y nos calmábamos ante la duda?
Ahora que la verdad nos quema la mano, ahora que el presidente Cartes en un hecho inédito y en un arrojo de coraje político, mucho más allá del espíritu partidario y tal vez en contra del mismo, se atrevió a ordenar a los privilegiados de la cofradía de los que succionan la sangre financiera de la república a su favor, ¿lo vamos a dejar solo?
Con qué cara seguiremos exigiendo nuevos rumbos si se nos abre uno, y lo único que nos atrevemos a hacer es, absolutamente nada.
La fortaleza de los bandidos empotrados en el poder crece en la medida en que aumenta la debilidad ciudadana.
Pero, aclaro, la ciudadanía carece de representantes, están en falta, escasean, en el horizonte político paraguayo no se ve a nadie, salvo algunas tímidas esperanzas. Y estoy seguro que con ello no basta.
El coraje ciudadano, el mismo que enfrentó a enemigos de afuera, hoy debe resurgir para enfrentar a los enemigos que duermen con nosotros.
Si no valoramos la señal que ha dado el presidente Cartes, si lo abandonamos a su suerte, no nos alcanzará la vida para arrepentirnos. Con esta acción, el mandatario tiene cumplida la promesa de nuevos rumbos para el Paraguay.
No sé cómo ni de qué manera, lo que sé es que esto que hoy manejamos como información oficial, nos obliga a reaccionar, jamás nos perdonaríamos a nosotros mismos quedarnos de brazos cruzados ante las evidencias de un crimen al que no deberíamos permitir que se proteja con el cobarde opareí.





























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