
Escribe: Luis Alen.
Estaba previsto que la aventura del “ÑandePetropar” de Horacio Cartes terminara con la suba del gasoil en un 10,5 por ciento, con el consabido ajuste del pasaje del transporte y en los demás artículos de la canasta familiar, por obra y gracia del fracasado plan de expansión de la petrolera estatal en detrimento del sector privado de combustibles. Y el mejor momento de aplicar el zarpazo a los bolsillos de la gente sobreviene después de la derrota electoral del cartismo en diciembre pasado, como una especie de “vendetta” del Gobierno contra la bajada de pulgar del electorado al proyecto hegemónico de HC.
Por supuesto, la justificación oficial al precipitado aumento apunta a los precios internacionales del petróleo y de sus derivados, que se incrementaron es cierto, pero ni en punto de comparación con el marcado descenso que tuvieron desde 2014, cuando llegaron a superar los 100 dólares el barril y luego cayeron a 40 dólares, sin que Petropar atinara a bajar los combustibles, ni por asomo, en la misma proporción.
La tendencia a la baja de los precios internacionales fue aprovechada en 2015 por el Gobierno de HC para, a través de decretos inconstitucionales, sacarle a los emblemas privados el 50 por ciento del mercado del combustible, que es importado en su totalidad, variando una política de libre comercialización vigente desde el año 2000.
Las distribuidoras aceptaron el nuevo esquema casi en su totalidad, salvo Petrobras que incluso acudió sin suerte a los tribunales dominados por HC, frente a un monopolio que obligaba a las empresas a comprarle a Petropar la mitad de su provisión al mercado.
Con este sistema virtualmente confiscatorio, Petropar comenzó a acumular excedentes que le permitieron subsidiar, por ejemplo, el “Ñande Gas” más barato que el ofrecido por las empresas privadas del ramo, y además a expandir sus estaciones de servicio, ofreciendo mayores márgenes a los operadores que se disponían a contratar el emblema del ente estatal.
La campaña publicitaria de las naftas “económicas” y del gas con precio rebajado, estaba destinada naturalmente a ensalzar las bondades del gobierno de HC, con el fin capitalizar a favor del plan político hegemónico del cartismo con vistas a las elecciones internas y generales. Todo ello financiado por el sistema monopólico puesto en práctica en los combustibles, con la “reserva” de mercado del 50 por ciento.
¿A dónde fue a parar el excedente?
La pregunta obligatoria es qué pasó con el gran excedente acumulado por Petropar desde 2015 y a dónde fue a parar, ya que con la falta de ajuste a la baja de los combustibles como derivación del fuerte descenso en el precio internacional del crudo, la empresa estatal debió tener un “colchón” suficiente para compensar las recientes subidas en el costo de los combustibles importados, cuyo nivel aún se encuentra muy por debajo de los 100 dólares de hace cuatro años.
La explicación más lógica es que la expansión de Petropar, con su política del gas más barato y las nuevas estaciones de servicio, llevaron una parte de estos recursos acumulados, pero otra versión indica que los fondos extras fueron utilizados para mantener una costosa burocracia en la entidad que tuvo la finalidad de financiar a operadores políticos del cartismo.
Pero en realidad el nuevo tarifazo pone de resalto el fracaso de la política de “fortalecimiento” de Petropar, que se originó en la intención de cercenar al sector privado lo que había conseguido ofrecer al público con estaciones de servicio de primera línea, cuando la función de una entidad estatal no es competir con las empresas privadas sino ejercer el control y la regulación del sector para la coexistencia de una competencia sana y de precios libres no monopólicos.





























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