Paraguay cerró el 2013 como el buque insignia del Mercosur, registrando los mejores resultados macroeconómicos, de acuerdo a las cifras oficiales que arrojaron cada uno de los países miembros.
El 13,6% de crecimiento de Paraguay (el tercero mayor del mundo) es 6 veces superior al crecimiento de Brasil (2,2%), mientras que el encarecimeinto de la canasta básica registrado en el país (3,7%) es 15 veces menor a lo observado en Venezuela (56,2%), solo por citar dos ejemplos.
Las buenas noticias no paran, porque con la proyección de 4,5% de crecimiento para este año, y un adicional de 2 puntos porcentuales si la Ley de Alianza Público-Privada tiene suceso, Paraguay seguirá encabezando la expansión económica en la región, coinciden organismos multilaterales como el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para algunos analistas, como Alberto Acosta Garbarino y Gloria Ayala Person, las grandes ventajas que ofrece tener una inflación baja es que ayuda a atraer cada vez más inversiones por la previsibilidad que ofrece el país. También ayuda a que no suban las tasas de interés del sistema financiero y sobre todo y lo más importante, cuida el poder adquisitivo de la población más pobre. El gran desafío para nuestro país, coinciden todos los analistas, es que los excelentes números macroeconómicos toquen la puerta de los más pobres, es decir, de los 1.165.000 paraguayos que viven hoy en la indigencia.
Por su parte, Brasil, la mayor economía del bloque no pasa por su mejor momento, si bien creció 2,2% el año pasado, es poco para lo que el mercado esperaba. Las obras de infraestructura para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olimpicos aportaron menos de lo previsto.
Esto se suma a la creciente ola de descontento de la clase empresarial brasileña por la alta carga impositiva del país (33% contra 17% de Paraguay), y a una clase media que exige cada vez mejores servicios del Estado.
Argentina y Venezuela, con sus mercados cambiarios paralelos y reajustes de precios que se hacen casi a diario en los supermercados despiertan la desconfianza de los mercados internacionales, que vaticinan un colapso de los modelos económicos de ambos países. De hecho, en clima de negocios, ambos países figuran entre los últimos lugares.





























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