
Escribe: José Martínez
La macroeconomía del Paraguay goza de excelente salud y al parecer está ubicada entre las de mejor posicionamiento en esta parte del mundo.
Las expectativas de crecimiento del producto interno bruto, que corresponde al año, nos ubica entre los más desarrollados y el clima de negocios que ofrecemos para la inversión de capitales extranjeros es inmejorable.
Con estas noticias tendríamos que estar bailando en una pata por el contento que sugiere ambas informaciones, pero he aquí que la cosa no resulta tan así, los expertos afirman que la microeconomía está en terapia intensiva y ello pone en riesgo no solo a la feliz macroeconomía, también a la estabilidad política y social del Paraguay.
Aclaremos que cuando hablamos de macroeconomía estamos refiriéndonos al conjunto de piezas conformante de la economía en sí, se puede decir que es el principal objetivo de la política económica implementada por algún gobierno.
Cuando nos referimos a la microeconomía, vemos que esta se ocupa de analizar el comportamiento de las economías pequeñas, como una familia, consumidores individuales, pequeñas unidades de producción, el uso de servicios, tanto como realidades del poder adquisitivo de la gente. Este horizonte económico pues tiene la información clave para saber cómo lo está pasando la gente.
Hasta aquí todo bien, felicitemos al gobierno que ha podido armar una estructura macro que es de envidiable porte, pero, se olvidó de un pequeño gran detalle, la microeconomía, ese lugar donde se ve a la gente comprando aquellos bienes de consumo y servicios imprescindibles para considerar el nivel del desarrollo de su economía y en consecuencia la calidad de vida que lleva.
En este espacio la política del gobierno está con un reverendo aplazo y más vale que se ocupe los antes posible para subsanar el error, porque finalmente el detalle, que a más de imperdonable por su connotación social y técnica, y políticamente puede ocasionar un derrumbe estructural de la economía País
Resulta inadmisible que el gobierno alardee con sus informes sobre una brillante macroeconomía, mientras el 48% de la población trata de resucitar a su microeconomía con una desesperada respiración boca a boca. Esto constituye un pecado político capital por el que muchos gobiernos se hicieron trizas.
Si están a la vista que las condiciones macroeconómica son favorables, es justicia que los consumidores y pequeñas unidades económicas de la república y con énfasis en los sectores con menores ingresos por la falta de empleo u oportunidades, reciban un oxígeno para dinamizar su rol en la economía.
Esto no será posible con la filosofía de los tecnócratas y burócratas que disocien o separen los fenómenos económicos, de los derechos que asisten a los que por diversas razones no están invitados al festín celebratorio de la macroeconomía, cuando que, dentro de la política del Estado, deberían ser unidad granítica.
El rol político, que por sus conocimientos cumplen los tecnócratas dentro del gobierno, debe ser utilizado por los gobernantes patriotas, para que el manejo técnico del conjunto de los bienes que se ha podido lograr en la macroeconomía de la República se socialice y beneficie a todos los habitantes, dentro del margen que les corresponda.
De no observarse esta acción, seguiremos siendo tan solo ese desigual país rico, con habitantes pobres.





























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