Un hecho significativo ha sido notado por los analistas económicos internacionales, y es que la economía paraguaya empieza a tener vuelo propio, desmarcándose de la economía del Brasil. Es decir, la nueva meca de la inversión en Sudamérica que es el Paraguay, ya tiene en las inversiones su verdadero empuje, sin necesidad de depender únicamente de los vaivenes de los precios de materias primas o las exportaciones agropecuarias.
El desacople del Paraguay en términos de dependencia de sus vecinos, le ayudará también a capear con fortaleza propia el temporal económico que viene del sur, con la crisis que sacude a la economía de la Argentina por la devaluación del peso y la fuerte inflación consiguiente.
Se puede afirmar sin temor a equívocos que la inversión privada, en unión a los planes de inversión pública, serán de ahora en más los verdaderos pulmotores de la economía paraguaya, dejando de lado por fin la dependencia de la expansión de la frontera agrícola y ganadera, que ha llegado a su punto límite de crecimiento.
El incremento del Producto Interno Bruto (PIB) de 13,6 por ciento, el año pasado, fue el tercero a nivel mundial, según lo confirma el Banco Mundial, básicamente empujado por una excelente cosecha de soja y las recuperadas exportaciones de carne, pero ya se ha avizorado, de acuerdo a la misma fuente, la atracción que es la economía paraguaya para inversores internacionales, al notar que ya tiene vuelo propio despegándose en forma llamativa de su habitual acople a la economía del Brasil, cuyo PIB aumentó sólo 2,2 por ciento en 2013.
El país cuenta con condiciones excelentes para captar inversionistas, no sólo en los más atractivos sectores de la inversión inmobiliaria o en la agroindustria, sino también en otros rubros manufactureros y de servicios, como lo indica la información de que en el primer trimestre de 2014 se crearán más de 3.000 empleos directos con las nuevas inversiones en autopartes, hotelería, construcciones y otros productos, especialmente en el ámbito de la maquila de exportación.
Con las nuevas inversiones que ya están en curso de realización o las proyectadas para el resto del año y en los próximos ejercicios, fundamentalmente con los planes de alianza público-privada (APP), se espera que se concrete una esperada reconversión de la economía, por la naturaleza de las nuevas radicaciones de capital. Es que hasta ahora la fuerza motora de la economía fue el crecimiento a caballo de las exportaciones de soja y carne, que son de escasa repercusión a nivel de creación de empleos.
Es decir, el “efecto goteo” del auge sojero y cárnico ha tenido poco impacto en el necesario esfuerzo por reducir la pobreza y mejorar el nivel de vida de la población, pese al gran aumento del PIB. Con la nueva inversión en industrias y otros sectores dinámicos, la creación de empleos es la prioridad, como lo ha hecho notar el Gobierno al anunciar que los planes de infraestructura y servicios van en esa dirección.
Con una macroeconomía en buenas condiciones, donde la atención se centra en el equilibrio fiscal y monetario, lo que hay que priorizar en adelante es conseguir una microeconomía que fortalezca la capacidad de consumo de la gente, lo que de por sí tendrá un efecto positivo sobre toda la economía.
Un plan de desarrollo como hoja de ruta
Tanto la Ley de Alianza Público-Privada (APP) como la Ley de Responsabilidad Fiscal, así como la proyectada Reforma Tributaria integral, pueden proporcionar un entorno favorable para la inversión que favorezca la creación de empleos y sirva de motor de la economía. Para el logro de estos objetivos, sin embargo, hay que trazar una hoja de ruta que abarque el proceso de desarrollo de aquí a diez o veinte años.
Al asumir Federico Franco la presidencia de la República, anunció que su prioridad en el Gobierno era el progreso integral del Chaco y la plena utilización de la energía para la industrialización del país, con el necesario apoyo al desarrollo rural sustentable, lo que implica superar la mera “reforma agraria” sin resultados de los últimos gobiernos. Este programa de acción significaba todo un desafío y su concreción sólo se debía dar lógicamente en el actual período constitucional a cargo de Horacio Cartes.
El desarrollo industrial del Paraguay es la única vía posible para superar los elevados niveles de pobreza y marginación de gran parte de la población. La energía excedente que posee el país debe ser utilizada necesariamente en este cometido. Y si se arguye que industrias electrointensivas y otras conexas podrían acarrear en pocos años un déficit energético, sean bienvenidas las inversiones en nuevas usinas hidroeléctricas en los ríos interiores, como la que se proyecta en el río Ypané, o la ampliación de la capacidad de generación de Acaray con la maquinización de la presa Yguazú.
Igualmente se puede prever la búsqueda de petróleo y gas en todo el territorio, especialmente en el Chaco, para complementar con los hidrocarburos la generación adicional necesaria de electricidad, en el caso de un gran desarrollo industrial. Cuanto más se refuerce la capacidad generadora del país, mejor, por cuanto también se va a poder exportar la energía a precio competitivo utilizando el mix de generación hidroeléctrica barata y la originada en petróleo o gas, teniendo presente que habrá mercado en los países sudamericanos que tienen déficit de generación, siempre y cuando también se articule una integración energética verdadera con los vecinos, que hasta el momento no se ha conseguido.
Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com





























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