Ruptura

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La ausencia de Javier Zacarías Irún en el acto central por el festejo del 127 aniversario del partido colorado, el pasado 11 de septiembre, deja en evidencia la ruptura política entre el líder esteño y el presidente de la República, Horacio Cartes.

A pesar de que ya se venía hablando con insistencia del resquemor del mandatario por la postura intransigente asumida por el ex intendente de la capital del Alto Paraná, cada vez más se iba percibiendo al interior de las huestes republicanas el problema, y que quedó demostrado el pasado 11 de septiembre, con la inasistencia de Zacarías Irún y principales dirigentes de su sector, en el Panteón Nacional de los Héroes.

Los más próximos a Cartes y quienes conocen bien los antecedentes políticos de Zacarías Irún, sabían que era un “matrimonio” pegado con engrudo y que en cualquier momento se desintegraría, como ahora está a la vista.

El presidente, desde un principio, fue advertido del carácter zigzagueante del líder paranaense, pero por una cuestión coyuntural lo tuvo cerca, desde que asumió el poder, pero esto con el correr de los días se fue diluyendo, hasta que Zacarías Irún, de habitúe del Palacio de López, dejó de ser visto por el histórico edificio, sede del gobierno de nuestro país.

¿Por qué habrá tomado esa distancia? ¿Será porque Cartes no accedió a sus pedidos crematísticos o a su chantaje? Javier Zacarías Irún hoy en día es un hombre poderoso económicamente, fortuna que lo acumuló mediante el poder comunal sustentando hasta ahora, y que viene desde el 2001. En 13 años de manejo despótico de la municipalidad de Ciudad del Este, el clan Zacarías atesoró una riqueza incalculable, que hasta hoy nadie puede conocer su origen.

El acercamiento a Cartes pos elecciones presidenciales fue al sólo efecto de continuar “construyendo” grandes negociados a expensas del pueblo, así como les tiene acostumbrados a los habitantes de esta capital fronteriza del décimo departamento. Capaz que el presidente percibió eso, y tomó la decisión de poner freno a las pretensiones personales de Zacarías Irún, que desde el 2001 convirtió al segundo municipio de la República en un territorio sin ley, donde solo impera y se cumple las órdenes emanadas por su propio clan.

Cartes tendrá que estar atento porque empezará el boicot y el chantaje político a través de los disminuidos aliados con que sigue contando Zacarías Irún en el Congreso Nacional (Senadores y Diputados). El presidente no debe ceder a los caprichos del político esteño, a quien de apoco se le va cerrando el grifo y no tiene otra salida que ajustarse al estado de derecho.

Javier Zacarías Irún, que siempre se manejó bajo la sombra de la impunidad, hoy el pueblo le exige y le reclama transparencia en la gestión pública. Sin embargo, para el político esto es una afrenta, porque desde hace 13 años que nadie se atreve a pedirle rendición de cuentas del dinero público, que maneja con su esposa, Sandra McLeod, desde el 2001.

A esto hay que añadir el estigma de la traición que tiene tatuado en su cuerpo Zacarías Irún. Hoy, en medio de la desavenencia existente con Cartes, salió un trascendido, que el mismo estaría elucubrando un juicio político contra el presidente, “por mal desempeño de funciones”.

Por más que esto suene en sorna, atendiendo de donde proviene, no hay que descartar cualquier posibilidad. La ambición desmedida de Javier Zacarías Irún es capaz de llevarle a buscar materializar un juicio político contra Cartes, que hasta ayer nomás, era el presidente patriota y nacionalista (sic).

El gobierno de Cartes debe estar atento a cualquier iniciativa que pueda partir de un hombre codicioso y ávido de poder, que no pensaría dos veces para perpetrar un “golpe político”, con tal de quedarse con el cetro. El presidente sabía al lado de quien estaba parado y hoy está corroborando con sus propios ojos. La escisión no es un sueño, es una realidad.

 

 

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