Sotana vs. política

170

Lo que se produjo en la Diócesis de Ciudad del Este, solamente fue un cambio de pastor, pero no de la conducta pastoral, con relación a lo que venía desempeñando hasta la semana pasada el monseñor Rogelio Livieres Plano, quien fue destituido del cargo por el papa Francisco, tras verse envuelto en una serie de conflictos, que requirió de la intervención de la propia Santa Sede.

Uno de los principales vicios del que padecía y sigue padeciendo la Diócesis del Alto Paraná y Canindeyú es la abierta politización de la institución religiosa, cuyo responsable principal, dejando de lado su misión pastoral, se pasaba codeándose con conocidos políticos, hasta en algunas ocasiones se lo vio en actos partidarios (sic).

Y pareciera que la nefasta práctica está fuertemente enraizada, porque el obispo Ricardo Valenzuela, sucesor de Livieres, lo primero que hizo al pisar tierra esteña, fue reunirse con conocidos políticos de la zona, como el gobernador del Alto Paraná, Justo Zacarías, su cuñada e intendenta de Ciudad del Este, Sandra McLeod y con el esposo de esta última, Javier Zacarías (quien actualmente no ocupa ningún cargo público).

De esta manera, se desvirtúa la verdadera misión pastoral del enviado del papa a la Diócesis de la capital del décimo departamento, que justamente, fue uno de los principales motivos de conflicto del obispo Rogelio Livieres, con la feligresía católica.  El monseñor Valenzuela debe despegarse inmediatamente de los políticos de turno y comenzar a desarrollar su actividad religiosa, llevando el mensaje de la palabra de Dios en las distintas comunidades y de capillas de la región. A esto hay que sumar la ardua tarea de poner la casa en orden, ya que, últimamente estuvo bastante tumultuada, terminando con la intervención del papa.

La prostitución de las instituciones ha llegado a situación extrema en esta nación sudamericana. Ni la iglesia pudo estar exenta de esta lacerante realidad, que continúa tan campante hasta hoy. Basta detenerse en lo ocurrido en la Diócesis de Ciudad del Este, donde el trabajo pastoral estuvo muy de la mano con la política. Un grupo de insaciables políticos paranaenses, desde hace años, vistió de rojo la sotana del obispado del Alto Paraná y Canindeyú, que lejos de cumplir su misión pastoral, se dedicó a utilizar el púlpito para hacer campaña proselitista a favor del clan Zacarías.

Y aparentemente, con las primeras acciones del monseñor Valenzuela, la tendencia seguirá siendo la misma, tomando en cuenta que el religioso, al pisar nomás la capital departamental, ya comenzó a coquetear con las más discutidas autoridades de la región, sobre quienes pesan serias denuncias de corrupción, y justamente fue uno de los más fuertes cuestionamientos que se le hacía a Livieres Plano.

La ciudadanía y especialmente la feligresía católica aguardan con expectativa que, con el monseñor Valenzuela se pueda revertir esa deteriorada imagen que venía teniendo, en los últimos tiempos, la Diócesis de Ciudad del Este, cuyo principal responsable, estaba envuelto en varios escándalos de diferentes ribetes.

 

El papa Francisco deberá seguir atento sobre el desarrollo de la tarea pastoral aquí en esta conflictiva y sensible Diócesis, localizada en esta capital fronteriza de la República. Definitivamente la iglesia tendrá que retomar la esencia de su tarea evangelizadora, soltando el cordón umbilical que tenía atado al obispado con la política. Una vez logrado este objetivo el pueblo devolverá su confianza en los pastores de esta iglesia. Hay que terminar la unión entre la sotana y la política. 

Facebook Comentarios

Compartir