Topána la lente hú

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Escribe: José Martínez.

La gente de a pié, la que se despierta cada día para sobrevivir, llega a fin de mes con menos dinero de lo que precisa, aún así, desarrolla una lógica más que acertada en relación a las potencialidades del país.

Los paraguayos en casi un 48%, no entiende el porqué del vivir en la pobreza dentro de un país que técnicamente es inmensamente rico, refiriéndose a los recursos naturales que posee y que son explotados exitosamente.

Lo que no ve de tal éxito, son los beneficios financieros inyectándose para elevar el nivel de la educación y el servicio de salud pública en un país que expone en estos frentes, el talón de Aquiles (*) que le impide desarrollarse.

Ni señales ve de alguna política pública direccionada a la capacitación profesional de jóvenes y adultos excluidos del sistema convencional de la educación. Completando el combo del Estado ausente, ni por asomo éste, toma cercanía de la población carenciada al extremo del hambre.

El Estado paraguayo es víctima de grupetes de desalmados empotrados en los círculos de poder, desheredando a los legítimos beneficiarios de todo aquello que por derecho les corresponde.

Los recursos energéticos que el Paraguay posee, son un electrizante botón de muestra de lo que también sucede en otros rubros, en este caso con el agravante de ver que los villanos son paraguayos, argentinos y brasileros.

Los administradores infieles de Yacyretá e Itaipú se han hecho millonarios, sin favorecer como es debido a sus respectivos pueblos, propietarios de los bienes que explotan con irritante petulancia y grosera deshonestidad, el secretismo con el que manejan sus cuentas, el reparto de las ganancias es tan ofensivo como el derroche selectivo de los ingresos con el que tratan de simular el antipatriótico manejo de la cosa pública.

La energía que Paraguay cede a precios irrisorios a los argentinos y brasileños, llega a los usuarios de esos países a precios inflados por los  grupetes de facinerosos encapuchados  que actúan  con insana avaricia desde el sector privado, apañados por la débil moral de la clase política,  que permite la entrega de  recursos  que deberían financiar las urgencias cotidianas de una población con necesidades insatisfechas múltiples, mientras disfrutan de todo aquello que niegan al pueblo.

 

(*)El Talón de Aquiles es una expresión que se emplea para referirse al punto flaco o débil de una persona o cosa.

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