Un país sin ley

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Definitivamente se ha roto el estado de derecho en nuestro país. Se ha perdido el respeto al orden jurídico, pasando a convertirse en un país sin ley, donde impera la del más fuerte.

El presidente Horacio Cartes ya dio varias señales de su pretensión autoritaria. Entre otros, el plan para violar la carta magna para lograr la reelección presidencial; los bonos soberanos con la “certeza constitucional, y ahora apareció el “golpe” a la gobernación del Guairá, donde busca quitar del cargo a su titular, Rodolfo Friedmann Alfaro, con maniobras fraudulentas, “porque éste no apoya la mal parida enmienda” (sic).

El panorama político en el Paraguay no es de lo mejor. La imberbe democracia se encuentra en serio peligro, pese a que el país no abandonó la transición, por lo que con  posturas tiránicas surgidas ahora desde el propio Gobierno, será muy difícil alcanzar la anhelada consolidación libertaria, ante el peligroso retroceso que se está vivenciando.

“Para los amigos todo, para los enemigos la ley”, reza una clásica expresión de déspotas, que este país conoció varios, que manejaron con mano de hierro los destinos de la patria. Pero casi todos terminaron de la peor manera, con un final sombrío, donde inclusive una mayoría pagó con su vida la enorme injusticia que causó al pueblo durante el tiempo que le tocó estar al frente del gobierno.

Cartes está transitando por el camino equivocado, impulsado por grandes intereses personales, que lo convirtió en un obsesionado por el poder gubernamental.

Consciente de la clara violación de los artículos 229 y 290 de la carta magna, el presidente no cesa en su ansia de lograr la reelección a cualquier precio. No le importa subvertir el orden jurídico, violar la Constitución y pisotear el estado de derecho, toda vez que concrete su proyecto autoritario.

La ciudadanía no puede continuar siendo el “pato de la boda”, para que un grupo de políticos y empresarios continúe apoderándose del país, mientras que la faja de pobreza siga creciendo de manera superlativa. A pesar de este pésimo panorama, poco o nada interesaría al Gobierno, donde el titular del ejecutivo anda muy ocupado en su plan reeleccionario.

A Nicanor Duarte Frutos se le había responsabilizado de la caída del partido colorado, porque aquel episodio sucedió durante su gobierno. Y mañana le puede tocar el turno al presidente Cartes, en pasar a la historia negra del país,  al ser apuntado como el ideólogo del intento de buscar subvertir el orden constitucional, con el proyecto de enmienda, para lograr introducir en la carta magna la figura de la reelección presidencial.

Si las autoridades continúan ignorando y violando la norma jurídica del país, inexorablemente se retornará a la época oprobiosa, lo cual, es casi seguro, ningún paraguayo de bien querrá volver, y revivir ese pasado terrible que les tocó vivir a los habitantes de esta nación guaraní.

Es sumamente preocupante la gran incoherencia del jefe de Estado. Desde que asumió el poder, Cartes viene sosteniendo  un fuerte discurso de combate a la corrupción; pero al mismo tiempo se abraza y se alía a gente salpicada seriamente con irregularidades en la gestión pública, como el clan Zacarías en Ciudad del Este.

Asimismo, siempre sostuvo que hay que respetar la Constitución Nacional, pero hoy quiere un segundo mandato, a pesar de la clara prohibición de la carta magna. Así, hoy vivimos en un país sin ley, donde impera la prepotencia, la arrogancia, el dinero fácil y el aberrante sometimiento de la justicia a los poderes fácticos.

 

 

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