El sistema de transporte de pasajeros del Paraguay denuncia a la mediocre clase empresarial, a la irresponsable y mala casta de políticos y a la infinita e indolente paciencia de los usuarios maltratados por él.
A los primeros porque se olvidaron de considerar la calidad y satisfacción del cliente como bases del éxito empresarial, a los políticos por el incumplimiento del compromiso de bienestar, tantas veces prometido al pueblo y, a los usuarios, porque la capacidad de tolerancia que los animó hasta hoy, dejó de ser virtud, para transformarse en despreciable debilidad.
Los unos pueden ser juzgados como estafadores, los otros como perjuros corruptos y los últimos como cómplices de sus propios verdugos.
Esta trilogía compuesta por empresarios delincuentes, políticos corruptos y, complacientes usuarios víctimas, constituyó hasta hoy la fórmula perfecta para el más denigrante y descabellado maltrato en contra de toda práctica respetuosa dentro de las normas del mercado.
Al parecer, este tonto acuerdo entre víctimas y victimarios está llegando a su fin, ello se presume por las reacciones que ha provocado el aumento de los costos de pasajes en Asunción y el área metropolitana.
Cada vez más se multiplican las protestas de los usuarios, que proceden de gremios trabajadores y estudiantes universitarios, visiblemente respaldados por el grueso de los indignados pasajeros qué a juzgar por cómo se está masificando la protesta, de aquí a poco se escuchará en todo Paraguay.
Ante la mirada desconcertante de muchos, el actual Gobierno, hace un guiño de complicidad a favor de los usuarios a la espera de que los mismos hagan más lío en las calles, para, supongo, tomar las decisiones políticas determinantes, que ponga fin de una vez por todas, con el alocado maridaje concertado desde hace décadas entre ciertos sectores de la política y los abusivos ñembo empresarios.
Entre tanto, esperamos el desenlace a favor de la gente, los empresarios gritan sus sinrazones, en la ignorancia de aquella expresión que sentencia ajustadamente la poca importancia que tienen las palabras cuando los hechos hablan por sí solos. Y los hechos están a la vista; empresarios ricos, propietarios de empresas pobres, proveedoras del más miserable servicio que se pueda imaginar, vigentes gracias a la ayudita de políticos y jueces poco interesados por el interés común y principales responsables de la estafa a los débiles, el pecado capital que el veredicto popular empezó a condenar. El concepto vigente del sistema de transporte paraguayo es de malo a pésimo, y expone los síntomas de una sociedad profundamente desviada del verdadero desarrollo. Los pasajeros están construyendo el principio del fin de este penoso capítulo, es de esperar que los aquí denunciados; políticos, jueces, empresarios y usuarios, tomen definitivamente el rumbo correcto, para que el sistema retome la vocación de servicio a la comunidad y aporte su rol de gran importancia para el progreso integral del Paraguay.
Escribe: José Martínez





























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