Violencia y Trata contra las mujeres indígenas

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Escribe: Abog. Gloria Carolina Ramírez Franco

En Paraguay, como así también en varias regiones de América Latina, las sociedades indígenas presentan persistentes violencias de discriminación estructural frente a la población no indígena. Se visualiza mayores niveles de pobreza; desigualdad educativa; salubridad; tasa de mortalidad materno infantil duplicadas; acusan una sobremortalidad adulta-mayor; esperanza de vida disminuida.

Paradójicamente, esto sucede en tiempos donde existe mayor interés sobre el ciclo de reconocimientos de sus derechos universales y particulares, gracias a la elaboración de leyes y a la ratificación de acuerdos internacionales, que deberían mejorar su calidad de vida en la sociedad.

Es acuciante ver que en sus aldeas hoy por hoy, el predominio de nuevos problemas ya desemboca en la explotación sexual y laboral; de la mano de la falta de trabajo como eje de la integración  de las comunidades, un soporte de los proyectos  de vida de las personas jóvenes y como factor preponderante para satisfacer las necesidades vitales.

Como si todo esto fuera poco, el escenario abre un espacio para mujeres y niñas/adolescentes entren en circunstancias favorables para la migración forzada, con alta probabilidad de ser blanco fácil de diferentes tipos de tratantes, objetos de explotación laboral, extracción ilícita de órganos, hasta el propio feminicidio.

A pesar de que la visibilización internacional de servidumbre sexual y laboral se ha ido ganando conciencia sobre la flagrante situación del tráfico o más comúnmente llamado trata de mujeres, en este caso, el de los indígenas, cuyo fenómeno hasta hoy día representa un tabú, es desconocido y complejo. Hemos de reconocer que el silencio social ante éste fenómeno, ignorado y omitido, hasta incluso en las propias esencias del indigenismo, hace que las mujeres sean expuestas sin ningún tipo de conciencia.

Esporádicamente algunos medios de comunicación resaltan o informan sobre la desaparición de niñas, adolescentes o mujeres indígenas; siempre con el título de prostitución de mujeres indígenas, está comprobado que existe una fuerte influencia política y social sobre éste tema. Lastimosamente no existe un conocimiento acabado sobre el acuciante fenómeno al interior del mundo indígena, tampoco se ha dado reportes o estimaciones disponibles sobre el tráfico  o trata de indígenas como condición para desarrollar un sistema de prevención y acompañamiento diferenciado a las comunidades, basado en las especificaciones etnoculturales.

Tenemos en nuestra propia ciudad el claro ejemplo que las nuevas generaciones indígenas ya no están aisladas, y menos aun en ésta zona fronteriza. Es una realidad que la juventud contemporánea, está atravesando un nuevo momento histórico, denominado neocolonial, con una presencia de fuertes fenómenos estructurales definitivos, con sus propios conflictos, compuesto a su vez por varias líneas de fuerza.

Remarcamos que el núcleo central de las transformaciones estructurales de las sociedades nativas de ésta zona del país ésta sumergida en la intensificación del proceso de apoderamiento de riquezas naturales, agua, biodiversidad y los últimos reductos de posesiones territoriales indígenas, y por ende la consecuente acumulación de la masa indigna en el centro de la ciudad.

Como efecto de dichas transformaciones estructurales, el actual escenario agrava la condición social de la juventud indígena, especialmente de las mujeres.

El materialismo, el consumismo, la tecnología son herramientas de nuestra sociedad, y ya no existe fronteras que separan a los grupos étnicos de estos avance. Estas razones, y la moda urbana de nuestros tiempos, transforman la mentalidad de nuestras hermanas indígenas y su inclusión a estos medios con el poco o mal manejo de la tecnología,  las están destruyendo y aniquilando al paso de los años.  

 

Como sociedad debemos tomar conciencia de que destruyendo nuestra cultura étnica, estamos destruyendo nuestro pasado; y ¡un pueblo sin pasado, no existe!  

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