¿Hasta cuándo seguiremos hablando del mal llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP)?. Este grupo criminal continúa cegando vidas inocentes, sin que los organismos de seguridad del gobierno nacional puedan tomar control sobre la banda.
Su plan macabro de seguir matando, secuestrando, traficando y extorsionando a la población, sigue intacto, como si no bastase el terror que ya ha sembrado, enlutando el hogar de varias familias paraguayas.
Mientras todo esto se registra, cuyo epicentro está en la zona norte del país, el sistema de seguridad no puede hacer frente a esta banda de facinerosos, que no pasa más de 20 soldados, pero pareciera suficiente para continuar esparciendo pánico y terror en la ciudadanía.
La última incursión criminal del EPP fue el asalto a un establecimiento ganadero, donde acabó con la vida de un peón y un efectivo militar, al tiempo de llevar como rehén al menor Arlan Fick, hijo de un productor de origen mennonita, que a 21 días (ayer) continuaba en poder de los marginales.
A pesar de que los padres del adolescente cumplieron algunos pedidos del EPP, a cambio de la liberación de Arlan, los integrantes de la banda no cumplieron con lo prometido, ni dieron señal de vida del secuestrado, lo que ha aumentado la desesperación de los familiares del joven.
El envío de las Fuerzas de Tarea Conjunta (policías y militares) a la zona del conflicto ha constituido al Estado paraguayo un multimillonario gasto, que en este gobierno se ha duplicado, tomando en cuenta que los trabajos se intensifican, con el objetivo de poner fin a este flagelo social. Sin embargo, hasta ahora, con la fuerte incursión de los uniformados, desde el mandato de Fernando Lugo, no ha surtido grandes efectos, que lleve a la captura de los líderes o el aniquilamiento, como segunda opción, de los integrantes del EPP.
Mientras los organismos de seguridad del país siguen sumergidos en su inoperancia, el grupo criminal, autodenominado EPP se fortalece, aplicando golpes letales, matando a uniformados y civiles, supuestamente en reivindicación de lucha social que lleva adelante. Pero la verdad, son apenas delincuentes comunes, que se pasan, impunemente, matando y secuestrando a gente, con la finalidad de recaudar dinero para robustecer la banda y así continuar derramando sangre inocente.
El gobierno de Horacio Cartes deberá extremar esfuerzos para hallar la fórmula efectiva, para intentar de combatir con mayor efectividad a este grupo marginal. De lo contrario, seguirá en su aventura criminal, matando a gente y permitiendo el crecimiento de esta célula, que se anidó en la región norte, con claro apoyo de otras bandas, como la FARC, donde varios integrantes del EPP fueron adiestrados. Hay que acabar con el EPP.





























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