Alta tecnología de Taiwán puede ser mucho más útil al Paraguay

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En la Expo 2022, el pabellón de Taiwán tuvo mucha concurrencia para conocer las últimas novedades tecnológicas que podrían motivar una mayor cooperación económica e industrial con el Paraguay.

Escribe: Luis Alen.

 

Cada vez que se acerca un cambio de gobierno se vuelven a escuchar las voces de quienes piden vinculaciones diplomáticas plenas con China Popular, esgrimiendo supuestas ventajas económicas que ofrece el gobierno comunista para anular las provechosas relaciones que el Paraguay mantiene con la isla “rebelde” de Taiwán desde hace 65 años.

 

El régimen de Beijing plantea a cambio de la ruptura con los taiwaneses, adquisiciones de nuestras exportaciones agropecuarias como la carne y posiblemente préstamos financieros en condiciones “blandas”, pero lo que se puede obtener de la relación con Taiwán debe traer más beneficios en términos de desarrollo cualitativo por la posible instalación aquí de industrias con alta tecnología, como el caso de los semiconductores que son la base de todo el soporte a las máquinas de última generación ligadas a la inteligencia artificial.

Aparte de otros aspectos económicos de la cooperación paraguayo-taiwanesa, lo más resaltante en los últimos cinco años ha sido indudablemente el relacionado con la educación superior tecnológica, a través del avance en la consecución de la mejor formación de América Latina en materia de recursos humanos calificados, siendo un ejemplo de primer nivel en este campo la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay (UPTP), que ya acaba de enviar al mercado sus primeros casi 100 egresados después de clases presenciales culminadas mediante becas al país asiático.

El gobierno que surja de las elecciones de 2023, sea de la ANR o de la Concertación opositora, tendrá que analizar muy bien qué caminos tomar en la relación con Taiwán, atendiendo a lo que más conviene en estos momentos al país, en términos de desarrollo industrial y de formación de los recursos humanos. 

Lo más sensato es acompañar el proceso de industrialización con la alta tecnología taiwanesa de los microchips y poner énfasis en el logro de una educación superior universitaria de gran nivel académico, lo que se conseguirá con el pleno funcionamiento de la Universidad Politécnica creada con la isla asiática.

Cuando se habla precisamente del plan de “transformación educativa”, con un debate que abarca más temas ideológicos que académicos, lo correcto en esta discusión extremadamente polarizada es pensar en la preparación de los jóvenes para afrontar el mundo del futuro dominado por las industrias de alta tecnología, en las que Taiwán tiene mucho que ofrecer al Paraguay, comenzando como ya lo está haciendo con la formación de los recursos humanos que encontrarán empleo en las industrias de este sector, hasta convertir al Paraguay en un centro tecnológico en América Latina.

 

La cuestión geopolítica

Paraguay es uno de los 14 países que aún mantienen relaciones con Taiwán en el mundo, y el único de Sudamérica, por lo que se acrecienta la presión de China continental con sus cantos de sirena de fructíferas relaciones comerciales, más aún cuando es visible el interés de Estados Unidos en que nuestro país siga esquivo a las ofertas económicas del régimen del autócrata Xi Jinping, que acaba de recibir un tercer mandato dictatorial al frente de la segunda potencia mundial, al término del XX Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh)

Si Vladimir Putin tuvo la osadía de invadir Ucrania poniendo en serio riesgo el equilibrio nuclear alcanzado con Occidente tras la caída de la Unión Soviética, fue especialmente por la mirada cínica hacia otro lado de Xi Jinping, con el objetivo de sacar provecho del “mundo multipolar” ansiado por el líder ruso, pero con la mira puesta en desbancar a Estados Unidos del dominio del dólar para reemplazarlo con el yuan chino como la divisa predominante.

Ante el nuevo planteo hegemónico global de los regímenes autoritarios de Rusia y China Popular, Paraguay debe seguir manteniendo un estrecho relacionamiento con la República de China (Taiwán) por lo que representa la isla en el escenario mundial, no sólo por su grado de desarrollo (es la 21a. economía del mundo) sino por lo que representa en términos de estabilidad internacional y de libertades democráticas en pleno funcionamiento a nivel interno. 

A partir de este planteo, el gobierno paraguayo debe continuar con la cooperación taiwanesa para su propio desarrollo económico y social, retribuyendo este apoyo con la firmeza del pedido ante la comunidad internacional de dar más espacios a Taiwán en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas mundiales como el cambio climático e ir consiguiendo las metas de cero emisiones de carbono.

Es lo que acaba de señalar el cónsul general de Taiwán en Ciudad del Este, Camilo Chang, quien con motivo de la nueva conferencia global sobre el clima que se realiza en Egipto por estos días, expresó que Taiwán está dispuesto “y es capaz de cooperar con socios internacionales para lograr conjuntamente una transición a las cero emisiones netas y garantizar un entorno sostenible para las generaciones futuras”.

La isla tiene así mucho que aportar en el plano mundial y Paraguay puede impulsar esta postura para su propia prosperidad, contribuyendo a la vez con la estabilidad internacional a partir de la posición influyente de Taiwán en la región Indo-Pacífico, principalmente por su industria de semiconductores, que ocupa una posición central en las cadenas de suministro globales.

La industria taiwanesa de semiconductores va reduciendo rápidamente el uso de recursos energéticos con alto impacto de carbono, por medio de procesos de producción que desarrollan nuevas tecnologías y nuevos modelos, con innovaciones de microchips en constante evolución, que ha desarrollado numerosas aplicaciones  de dispositivos electrónicos promoviendo la conservación de la energía planetaria.

Al mismo tiempo que avanza en términos de crecimiento económico, Taiwán lleva a cabo con éxito su transición energética con el incremento de la energía renovable en detrimento de la proveniente de combustibles fósiles. 

En mayo de 2022, su capacidad de energía renovable instalada alcanzó los 12.300 megavatios, con un aumento notable de 60 por ciento con respecto de 2016, mientras que entre 2005 a 2020 el Producto Interno Bruto (PIB) de Taiwán creció 79 por ciento, pero en el mismo lapso sus emisiones de efecto invernadero bajaron un 45 por ciento, lo que demuestra que el crecimiento económico de la isla asiática se ha desvinculado prácticamente de las emisiones dañinas que influyen para el cambio climático.

Lo frustrante es que, pese a estos logros evidentes en materia de desarrollo sostenible, Taiwán se halla fuera de los foros internacionales por el veto del régimen de Beijing, correspondiendo así a Paraguay insistir como su aliado más cercano para la mayor presencia del país asiático en el concierto de las naciones democráticas.

En forma coincidente, el próximo gobierno paraguayo tendrá que proponerse como su mayor prioridad la instalación aquí de industrias con alta tecnología, aprovechando la relación privilegiada con Taiwán, como el caso de los semiconductores, convirtiendo así al Paraguay en un centro tecnológico latinoamericano y global.

Así, aparece con nitidez la mayor ventaja en la industrialización con recursos humanos de alta tecnología con la cooperación taiwanesa, frente a la mera exportación de materias primas y el endeudamiento que ofrecen los chinos continentales, al mismo tiempo que se promueve la defensa férrea de la democracia vigente en Taipei, frente al régimen autocrático de Beijing.

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