
Escribe: José Martínez
La pobreza en el Paraguay tiene connotaciones sorprendentemente absurdas, teniendo en cuenta que los condimentos de su realidad económica en general son más que óptimos y contradicen violentamente la miserable forma de vida a la que está sometida una gran porción de la torta poblacional, según se aprecia en los indicadores.
Cerca del 48% de nuestra población dentro del país está atrapada en las garras de la pobreza, somos en la actualidad 7 millones de residentes, de no haberse dado el modo sistemático del éxodo de pobres al extranjero, Paraguay tendría hoy aproximadamente 9 millones de habitantes.
Considerando que los ciudadanos de un país son el recurso natural más importante, esta situación resta fuerza a nuestro propio desarrollo.
El fenómeno a la inversa, no deja de llamar la atención, la corriente migratoria de brasileros, alemanes, japoneses, árabes, chinos y coreanos hoy se han afincado y progresado en tierras paraguayas.
Es de rigor aclarar que estos flujos humanos extranjeros en el país, han sido asistidos por sus gobiernos de origen, suerte que no ha acompañado a los paraguayos que partieron hacia otros países, como de igual forma acontece con los que engrosan la franja de pobres dentro de la república, la ausencia del estado en Paraguay se registra dentro y fuera de sus límites geográficos.
Argentina ha recibido a más de 2 millones de connacionales, los que llegaron a ese país con una mano detrás y otra delante por falta de oportunidades en Paraguay, a más de los inmigrantes paraguayos en la Argentina, existen flujos menores en Brasil, España, Estados Unidos, etc., en los más exóticos y distantes países del mundo ya se hizo costumbre encontrar a un paraguayo que partió de su tierra amada porque no encontró en ella lo necesario para progresar.
Hacer las valijas y buscar nuevos horizontes es un capítulo triste y muy reiterado en la historia del Paraguay, es un rasgo cultural muy cruel que ha dejado heridas muy profundas en el seno de miles de familias paraguayas, desmembradas con la ausencia de padres, hermanos y amigos, separados por la distancia, pero siempre unidos por dolorosas añoranzas.
La salida de paraguayos al extranjero tiene su peso dentro de la economía, los millones de dólares que remesan los inmigrantes paraguayos son cifras visibles dentro del perfil financiero, es un dinero que tiene el agrio sabor de la desdicha que supone tener que dejar los tesoros más entrañables de un ser humano, solo por dinero.
Los expulsados del sistema político paraguayo que fabrica pobreza en vez de bienestar para todos, contribuyen con los sucesivos gobiernos que por ineficacia los empujó al exilio involuntario. Una sentencia injusta y dolorosa que heroicamente el paraguayo acepta cuando se trata de mantener viva su inclaudicable ganas de progresar.
En el marco de los grandes recursos en explotación que tiene el Paraguay, ya sea que hablemos de la agricultura, la ganadería, la energía eléctrica, las exportaciones, etc.
No queda otra que pensar que los que se van de Paraguay, no lo hacen porque nacieron en un país pobre, lo hacen porque nacieron en un país sin justicia, y los países sin justicia, aunque ricos, siempre permanecen miserables.





























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