Grupo de Zacarías Irún está fuera del entorno de Cartes

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Escribe: Luis Alen

En la perspectiva de los días trascurridos entre junio y julio ha quedado clara ahora la intención detrás del lanzamiento de la idea de la reforma de la Justicia: aislar cada vez más a la disidencia de la ANR, a tal punto que ya no cabe dudas acerca de la consolidación del poder de Horacio Cartes, después que lograra un modus vivendi con la Corte a través de una especie de acuerdo con los ministros para el congelamiento del proyecto de cambios de nombres en la máxima instancia judicial.

Es lógico pensar que a cambio de dejar en “stand by” la idea de las remociones vía juicio político, HC haya conseguido mermar la influencia de Javier Zacarías Irún y su grupo disidente en la administración de Justicia, que venía creciendo y causaba preocupación tanto a Cartes como a todo su entorno.

La cabeza visible del proyecto de recambio de ministros es Juan Carlos “Calé” Galaverna, quien puso nuevamente a andar su viejo oficio de fogonero de conspiraciones. Hasta ahora “Calé” habla de la necesidad de introducir los cambios de hombres, como primera medida para reformar la Justicia, dando pábulo a la inveterada costumbre de los políticos de tener hombres y mujeres manejables en la Corte.

Pero nuevamente fue madrugado por las prioridades de HC, que aprobó los movimientos iniciales de Galaverna y Blas Llano, que sin embargo pusieron sobre aviso a los miembros de la corporación judicial acerca de los deseos de la clase política de promover los cambios en la Justicia, tanto de hombres como de estructura. En realidad, lo que Cartes deseaba era dar un “cháke” a los ministros y conseguir de ellos el fin de las relaciones que mantenían con Zacarías Irún y el grupo de disidentes de la ANR. Y lo logró.

División de la ANR: un final incierto

La disidencia colorada anticartista se va perfilando a medida que se acercan las internas del año próximo. HC parece respirar ahora que tiene asegurada la gobernabilidad con el Parlamento a través del Pacto Azulgrana y tras la tregua con los miembros del Poder Judicial, pero no es de esperar un camino de rosas ante un panorama poco propicio en el frente social y en la lucha contra la guerrilla del EPP.

Hubiera sido más preferible la unidad colorada para la lucha frontal contra la pobreza, la inseguridad y la delincuencia, pero las prioridades políticas de HC son esenciales para la permanencia del proyecto en el tiempo. El presidente sabe que debe tomar la batuta en la dirección partidaria, lo que actualmente está haciendo, contando con el aporte de Galaverna y Lilian Samaniego.

Pero, ¿hasta cuándo estarán aliados “Calé” y Samaniego? Es la pregunta que flota en el ambiente, dado el plan “calesista” de alzarse con la presidencia del Partico Colorado. Tarde o temprano, Galaverna chocará con el proyecto hegemónico de los Samaniego, evidenciado ya ahora con la intención de hacer el “rekutú” por parte del intendente de Asunción. También más temprano que tarde HC deberá optar por “Calé”o por Lilian.

Lo más seguro es que se incline por la segunda opción, es decir, que ordene la disposición del todo aparato partidario a favor de la reelección de Arnaldo en la capital y luego juegue todas sus cartas en apoyo de Lilian en la ANR. Allí Galaverna deberá acatar o volverse un disidente dentro de las filas del cartismo, encabezando una lista B frente a la A de Samaniego, pero sin mostrarse en lucha frontal con HC.

Desde ahora, tanto la lucha contra la pobreza como el tema de la seguridad quedarán supeditados a las prioridades políticas del cartismo. El jefe de Estado mirará con mucha atención los movimientos de la disidencia liderada por Zacarías Irún, al que no le dará la posibilidad de volver a candidatar a su esposa al frente de la intendencia de Ciudad del Este. ZI deberá buscar seguramente otro candidato o postularse él mismo para el cargo, pero si gana estará poco tiempo allí, ya que su deseo es la candidatura a la presidencia de la República en 2018, por la que previamente deberá echar lanzas con Julio Velázquez.

Por todos estos motivos, se aleja cada vez más la factibilidad de una reforma constitucional, que es la que se necesitaría no sólo para posibilitar la reelección presidencial, sino también la introducción de cambios en la Justicia. Con la disidencia en acción dentro del partido de gobierno, a HC no lo queda otro camino que acordar con parte de la oposición en el Pacto Azulgrana y mantener la coexistencia pacífica con los actuales miembros de la Corte Suprema. Pero el acuerdo sólo es para gobernar y no para cambiar la Constitución.

 

Así, el escenario político no resulta el más propicio para llegar a entendimientos que desemboquen en una Constituyente y menos aún para el tema de la reelección. Con asegurar la gobernabilidad de por lo menos un año, el cartismo ya ha conseguido lo que quería para encarar las obras e inversiones que son necesarias para mostrar los resultados que tanto le reclama la gente en el ámbito económico-social.

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