Las aguas, suben turbias

279

Escribe: José Martínez

La construcción de las represas de Yacyreta e Itaipu, fueron a elevadísimo costo ambiental para el Paraguay, la primera de ellas hizo desaparecer una gran porción del territorio de Itapúa y Misiones, además   siempre guardamos en la memoria los desaparecidos Saltos del Guairá.

El despojo del patrimonio natural de los países que las engendraron han dejado secuelas que nuca cicatrizan, las monumentales obras de ingeniera que constituyen, fueron como estocadas profundas que afectaron el sutil resorte del equilibrio ambiental regional.

El consuelo que nos queda, es el orgullo de saber que el hombre y su ciencia han podido dominar el portento de uno de los ríos más caudalosos del mundo y con ello, se imprimieron en la historia de la ingeniería. Así la vanidad ha quedado suficientemente compensada aunque estamos lejos de neutralizar las consecuencias de tales caprichos.

El brindis de la celebración, tampoco ha arrojado claridad en relación a que si esos despojos, reditúan en beneficios que se pudieran socializar dentro del marco de transparencia qué, históricamente opacado, nos deja la agria sensación de haber construido unos portentos que finalmente, sólo benefician a una elite que monopoliza el uso y el abuso de los beneficios energéticos que producen.

Lo que se comparte son las tribulaciones que hoy se hacen visibles con las inundaciones que provocan el manejo técnico de las aguas del Paraná, atrapadas en la maraña de la ingeniería y que están anegando gran parte de nuestro territorio.

La historia no se puede cambiar, pero si urge evidenciar un sentido de responsabilidad para con las familias afectadas, por el drama de las aguas llegándoles al cuello.

La tímida presencia de los recursos tecnológicos y logísticos de las binacionales para socorrer a los afectados por las crecidas, hace pensar que las mismas se desentienden de graves hechos que perjudican a débiles pobladores ribereños, duramente golpeadas por el fenómeno que, por ser cíclico, debería contar con un protocolo para impedir que la gente sienta sobre sus espaldas mojadas y frías, el rigor incómodo de las crecidas y todos los peligros que el fenómeno representa.

El caudal financiero del que hacen gala en otros contextos, también debería tener un protagonismo en la urgencia del desastre, pero al mismo tiempo debe servir para estructurar soluciones de ingeniería para que estos hechos predecibles y cíclicos dejen de ser un peligro para sus víctimas.

No es mucho lo construido en territorio paraguayo por Itaipu, que tiene una gran deuda de compensación estructural con la cuenca afectada. No deja de ser prodigiosa y notable la reconstrucción de Encarnación realizada por Yacyreta.

 

Sin embargo, es inadmisible considerar  que en estas emergencias cíclicas,  la gente y los municipios tengan apenas un intrascendente rol de las binacionales, el reporte de emergencia como hecho de comunicación no basta, el sentido común exige a las mismas que ejerzan una protagónica participación en la solución de los problemas que directa o indirectamente los implican.

Facebook Comentarios

Compartir