Portillo vs. ignorancia

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La reciente declaración pública del diputado nacional por el Alto Paraná, el liberal Carlos Portillo, sólo viene a ratificar lo que desde un principio la ciudadanía puso en dudas, su limitado coeficiente intelectual. Y de esta manera igualmente las dudas de la manera de cómo accedió a sus cuatro títulos universitarios son más claras.

“El parlamentario es diferente al trabajador común”, fue la desatinada declaración de Portillo, que desató la ira de la población, colocando, una vez más, en el ojo de la tormenta al extravagante legislador, que faltó al respeto a toda la ciudadanía paraguaya, con su exabrupto.

Portillo es un político que ganó preponderancia no necesariamente por su función parlamentaria, sino por los constantes deslices cometidos a lo largo de este periodo legislativo. A raíz de eso, siempre fue motivo de burlas en todos los estratos sociales.

Meses atrás fue desaforado al saltar un audio en donde el mismo estaba realizando “tráfico de influencia”. Y ahora aparece esta lamentable declaración, que desnuda de cuerpo entero la clase de parlamentarios que tiene este país. Portillo no es la excepción, el congreso nacional, tanto en la cámara baja y alta, está lleno de ignorantes, corruptos y prepotentes, epidemia de la que viene padeciendo esta república de décadas atrás.

La actitud y la conducta de varios representantes del pueblo dejan mucho que desear, lo cual hace muy poco a favor del país, sumido en una terrible corrupción y el pisoteo constante del estado de derecho. La imagen que se transmite en el extranjero desenmascara la nación que tenemos, un Paraguay marcado por la ignominia, como consecuencia de autoridades mediocres e  inmorales que administran esta república.

Carlos Portillo encarna de cuerpo entero la clase de representantes que tiene el pueblo paraguayo en el Parlamento. La imperante corrupción que tiene en vilo al Paraguay, nos ubica ante el concierto de las naciones en una posición poco ventajosa. Esta lacerante realidad es la principal barrera para que importantes empresas arriesguen su inversión en un país nada seguro, desde el punto de vista jurídico y político.

El diputado liberal capaz habría querido decir otra cosa, pero su poco recurso de oratoria le obligó a expresar de la manera como lo hizo, ofendiendo a todo un pueblo. Portillo, como parlamentario tenía que ser un ejemplo, pero lejos de eso, faltó respeto de manera grosera a la ciudadanía, al realizar una diferencia de clases, lo cual está penado por ley y organizaciones de defensa de los derechos humanos, en todo sentido.

Atendiendo estos antecedentes de las autoridades que tenemos en el Paraguay urge la modificación de la ley electoral, para que el candidato reúna ciertos requisitos esenciales para postularse a algún cargo electivo, como por ejemplo, su formación educativa, su integridad moral, su vocación de servicio, entre otros.

Pero si continuamos permitiendo que corruptos, ignorantes y prepotentes sigan teniendo las riendas del país, inexorablemente seguiremos siendo catalogados en el extranjero como el “país bananero” o el “patio trasero de Sudamérica”. Se nos tiene esos conceptos, porque el Paraguay no transmite seriedad y no asume compromisos ante las demás naciones del mundo.

Es hora que el país se ponga los pantalones largos y empiece a ser respetado, y que no sigamos siendo recordados como uno de los más corruptos del mundo, cueva de lavadores, ladrones y el crimen organizado. Pero mientras sigamos teniendo parlamentarios como Carlos Portillo, las esperanzas de salir del pozo son muy pocas.

 

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