Un tibio abrazo que muestra grietas en “cicatriz” de ANR

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El abrazo entre Marito y Cartes demostró que más allá de los discursos, ya no pueden disimular que vuelve una fuerte pugna por el control del poder.

Escribe: Luis Alen.

 

HC quiso suturar definitivamente la “cicatriz” en la ANR pero, al contrario, se notó que la misma tiene serias fisuras, con la rebelión de algunos dirigentes contra la forzada unidad colorada, por lo cual Marito salió ganando con el fin de impedir que el Patrón se lleve las palmas ante un eventual triunfo el 10 de octubre, y en cambio cargue con el costo político de la derrota.

 

No convenció a nadie el abrazo republicano para la foto del día de la ANR, el pasado sábado en Ybycuí. Es que Marito Abdo y Horacio Cartes no pudieron disimular, con su saludo meramente protocolar, que la tan mentada “unidad” colorada sólo está arrinconada en los discursos, pero ya no se puede ocultar que la carrera para el 2023 está lanzada, en tanto se empiezan a perfilar los grandes temas que serán protagonistas de la campaña política que ya se avizora será muy caliente.

Después de los sucesivos abrazos en el quincho del Patrón, donde aparecía HC como el gran componedor en la ANR y acaparador del poder político nacional, se esperaba que un efusivo acercamiento al presidente termine por confirmar el pleno dominio de la situación por parte de Cartes. Pero, sin embargo, no fue así, mientras la oportunidad pasó tan rápido como llegó y no se repetirá fácilmente, más aún teniendo en cuenta que las municipales están ya a la vuelta de la esquina.

Un factor que le jugó en contra a Horacio es el evidente doble juego de Marito, que por un lado deja que el cartismo se vaya adueñando de la “unidad” ficticia en la espera que así podría quedar muy golpeado por un eventual voto castigo en las urnas contra la ANR, por parte del electorado crítico e independiente. Mientras tanto, Abdo se cuidó de armar a las apuradas con Hugo Velázquez una entente que en los números previos parece capaz de pelearle al “tridente” Santi Peña-Pedro Alliana-Cartes, en la feroz interna que ocurrirá el año próximo.

En contrapartida, un triunfo aplastante de la ANR el 10 de octubre ya no será sólo mérito del cartismo, sino de los abrazos forzados, emergiendo nítidamente la figura del vicepresidente Velázquez como la verdadera opción para que el Partido Colorado se mantenga en la cima del poder, con el aporte adicional de eventuales alianzas con otras fuerzas políticas.

Y a todo esto se agrega que Marito se atreve a golpear fuerte a una consigna del Patrón lanzada hace poco en un acto de “unidad”, cuando pidió a los correligionarios que “hagan tráfico de influencias”. Precisamente, Abdo acaba de autorizar al director de Aduanas, Julio Fernández, que denuncie por este delito ante la Fiscalía nada menos que al senador Martín Arévalo, ex-abdista y ahora cercano al cartismo, echando así por tierra una de las bases de la arraigada cultura prebendaria no sólo colorada sino de todo el arco político criollo.

 

La empresa de HC

Al parecer, Marito se despertó de su prolongado letargo puesto al servicio de una componenda con Cartes para su permanencia en el gobierno, con el abrazo meramente de ocasión escenificado en Ybycuí, en la casa solariega de Bernardino Caballero. Tanto Nicanor Duarte Frutos como Lilian Samaniego, además de otros líderes no arrodillados ante Horacio, expresaron ya su alarma ante las señales inequívocas de que HC estaba convirtiendo la ANR en una empresa más del Grupo Cartes, así como a consolidar el Paraguay como una gran hacienda del Patrón.

La preocupación dirigencial adquirió un matiz ya dramático porque el pacto cicatrizante además de servir como mecanismo de impunidad judicial para Marito y Horacio, comenzó a confirmar que las poses de abrazos con el Patrón de dirigentes con problemas judiciales estaban preparando el terreno para la forzada “unidad” con fines electorales, no sólo en las municipales sino con miras a las generales, con el previsible resultado del unicato cartista en el poder, no dejando ni por asomo que el Añetete abdista, u otro movimiento, siquiera osen poner en duda la hegemonía cartista con miras a mantener el control del gobierno en 2023.

Ahora resta por ver si con el transcurrir de los meses de una disputada interna, Marito se anima a sepultar la ficticia “concordia” profundizando el proceso destinado a desenmascarar a la fiscala general, Sandra Quiñónez, por su indisimulado servicio a los intereses cartistas, como ha quedado demostrado con las impactantes denuncias de corrupción contra el gobernador cartista de Central, Hugo Javier González, que fueron increíblemente minimizadas por la titular del Ministerio Público.

A su vez, habría que poner punto final al predominio que tendría también HC en la Corte Suprema, con el nombramiento como nuevo ministro de un profesional del Derecho que tenga la suficiente independencia ante las presiones políticas. Pero se buscaría mantener la cuota liberal para el nuevo miembro, por lo que se especula que el sector llanista pro-cartista estaría maniobrando para hacerse con el asiento vacante en el más alto tribunal de la República. Habría que evitar que esto ocurra, y mucho depende que Marito realice las negociaciones en el Senado para lograrlo.

Ahora se entiende por qué Marito ya vino preparando el terreno de la pulseada con HC incluso en pleno proceso de “unidad” para las municipales, en teoría a favor de la Lista 1, al contener la marea cartista en la elección de la presidencia del Senado, en junio pasado. Sin embargo, todo depende de tener bien claro que el proceso tendrá que tener como prioridad la fortaleza de las instituciones de la República y no las conveniencias meramente coyunturales del poder.

Más que nunca resulta necesario que un clima de estabilidad institucional, junto a la plena independencia judicial, sean la garantía para la recuperación económica post pandemia. Por ello, la permanencia en su cargo del ministro del Interior, Arnaldo Giuzzio, ha sido una medida acertada, no sólo para que el presidente Abdo demuestre el control de la situación en materia de seguridad pública, sino por sobre todo la perentoria obligación de limpiar los organismos de seguridad infestados de corrupción, como los últimos casos que envuelven a la Policía nacional.

Siempre se dijo que Marito debía poner su presidencia en función a las realidades acuciantes de la ciudadanía, y no al egoísta servicio de las coyunturas o avatares de la política. El hecho de que se haya propuesto poner freno a las apetencias de mayor poder de HC, puede ser el principio de un nuevo proceso de acercamiento a los postergados anhelos ciudadanos, que tantas veces se le había reclamado al presidente.

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